—Madrina.
—¡Anaís! —Ainhoa se sorprendió muchísimo al ver que la joven había llegado.
—Madrina, ¿cómo ha estado aquí?
Ainhoa estaba visiblemente emocionada.
—Anaís, jamás imaginé que la primera persona en venir a verme serías tú.
¡Ella juraba que sería Joaquín! ¡Él era su hijo adorado!
—Así es, madrina. Hoy en día, parece que soy la única que se preocupa por usted.
—Oye, ¿y Joaquín? ¿Acaso no sabe la desgracia en la que estoy metida?
Anaís respondió de inmediato:
—Claro que lo sabe. Yo misma fui a platicarle.
—¡¿Entonces por qué no ha venido?!
—Joaquín dijo que sentía mucha vergüenza de tener a una madre como usted y que no pensaba venir a verla.
Ainhoa se quedó atónita.
—¿Qué... qué acabas de decir? ¡¿Cómo se atreve a hacerme esto?! No, no puede ser verdad. Joaquín es mi hijo favorito, ¡es imposible que se niegue a verme! ¿Cómo pudo...?
—Le estoy diciendo la verdad, madrina. Aunque, para ser honesta, yo tampoco me esperaba que usted tuviera una aventura con mi padre. ¿De verdad eran amantes? —preguntó Anaís, alterada.
De no ser porque Valeria la delató, ella seguiría viviendo en la ignorancia.
¡Toda su vida había crecido al lado de Ainhoa!
¡Y nunca sospechó que Ainhoa y su propio padre tuvieran ese tipo de relación!
Entonces, ¿qué pasaba con su madre?
¡¿Qué lugar ocupaba su verdadera madre en todo esto?!
Ainhoa la miró de pronto y soltó una carcajada.
—¡Jajaja! ¡Jajaja!
¡Anaís sentía que la odiaba con toda su alma!
—¡Está bien! Se lo prometo. Pero cuando llegue el momento, ¡no se atreva a echarse para atrás!
—Pierde cuidado, no lo haré.
Más tarde, gracias al aviso de Anaís, Jaime se enteró de que Ainhoa estaba secuestrada.
De inmediato organizó a su gente para ir a rescatarla.
Por el lado de Valeria, desde que Leandro se había recuperado, ella andaba bastante ocupada.
Y Zoe se la pasaba todo el tiempo en el hospital.
Por lo tanto, entrar a la mansión Rivas fue pan comido. Sumado a la ayuda interna de Anaís, Jaime logró sacar a Ainhoa sin contratiempos.
Al ver a Jaime, Ainhoa corrió a abrazarlo, llena de emoción.
—¡Jaime, por fin te veo! ¡Llegué a pensar que nunca más tendría la oportunidad! —lloró Ainhoa desconsolada.

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