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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 1167

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Lázaro se quedó pensativo por un momento y luego preguntó:

—¿Todos son estudiantes de doctorado?

—¡Sí!

Karina habló con mucha admiración:

—Todos están haciendo su doctorado en neurociencia en la Universidad de Harvard y son brillantes.

—Cuando apenas entré a su grupo, estuve fascinada por mucho tiempo; ese nivel de intercambio de ideas te atrapa por completo.

—Cualquiera de ellos, por sí solo, es un genio.

Lázaro volvió a preguntar:

—¿Y qué tal te llevas con ellos?

Karina lo pensó un poco y dio una respuesta muy honesta:

—Bastante bien, me cuidan mucho.

—Al principio entré como la estudiante menor y por mucho tiempo no supieron de mis antecedentes.

—Pero siempre me trataron con mucho entusiasmo, sin esa arrogancia de sentirse superiores por tener más experiencia.

—Siempre que tenía alguna duda, me la explicaban con mucha paciencia.

En ese punto, su voz se tornó más suave, cargada de gratitud:

—Luego, el equipo tuvo problemas de fondos y el proyecto casi se cancela, así que lo financié yo misma para que pudiéramos seguir.

—No buscaba nada a cambio, solo sentía que era una lástima que el proyecto se detuviera.

—Y cuando el experimento fue un éxito, todos propusieron incluir mi nombre en el artículo... de lo contrario, no habría conseguido el doctorado directo tan rápido.

Tras escucharla, Lázaro habló con un tono respetuoso:

—Alguien capaz de llegar a un doctorado y mantenerse firme en este campo ya es sobresaliente por naturaleza.

—Tanto su ética como sus capacidades son dignas de respeto.

Sin embargo, cambió bruscamente de dirección y la aterrizó a la realidad:

—Pero reclutarlos no será tan fácil como crees.

—Esa gente es codiciada en el mundo académico; las grandes empresas los tienen en la mira.

—Además, quienes se dedican a la investigación suelen ser bastante egocéntricos, no siempre quieren entrar a una empresa y perder su libertad.

Pero Karina no pensaba lo mismo.

Levantó la barbilla con seguridad, y aun en la oscuridad se podía percibir su absoluta confianza:

—Yo creo que tengo grandes posibilidades.

—Son muy relajados y compartimos los mismos ideales.

—Especialmente hace un mes; ya tenían boletos para irse de vacaciones a Hawái, pero para ayudarme a avanzar con el experimento, cancelaron todo y se quedaron madrugando conmigo.

—Me conmovió mucho. Por eso creo que tengo posibilidades de llevarlos a JS.

Al verla tan confiada, a Lázaro de pronto le entraron ganas de jugarle una broma.

—Ya que estás tan segura, ¿por qué no apostamos?

—¿Qué apostamos?

Karina se entusiasmó al instante.

—Si logras reclutar a la mitad de tu laboratorio...

Lázaro hizo una promesa exageradamente generosa:

Al escuchar que ella de verdad iba a irse, Lázaro apretó los brazos de golpe y la abrazó con más fuerza.

Hundió el rostro en su cabello, respirando ese suave aroma que solo ella tenía, y habló con voz apagada:

—Planeo regresar a Villa Quechua cuando pasen a Mario a piso.

—Después volaré al centro vacacional para organizar la inauguración y te esperaré allá.

¿Regresar a Villa Quechua?

A Karina se le vino a la mente de golpe el recuerdo de aquellos dos hermosos rostros infantiles.

Su corazón dio un salto repentino.

No pudo evitar preguntar:

—¿A qué vas a Villa Quechua?

Lázaro se quedó en silencio.

En la oscuridad, su mirada se volvió profunda y llena de matices complejos.

Al ver que no respondía, Karina confirmó sus sospechas.

Su corazón se encogió en un dolor punzante.

Ella también deseaba con todas sus fuerzas ir a verlos.

Incluso había comprado muchos juguetes y regalos en Boston, pero...

De forma instintiva, se llevó una mano al pecho e hizo un par de respiraciones profundas.

Lázaro notó la reacción de la mujer en sus brazos y de inmediato le acarició el rostro con preocupación:

—¿Qué pasa? ¿Te sientes mal?

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