Karina, preocupada de que el hombre se mortificara por los gastos médicos, se apresuró a decir:
—No te preocupes por el dinero, yo me encargo del hospital. Tú solo enfócate en recuperarte, ¿va?
El hombre la observó en silencio, notando el brillo y la esperanza en sus ojos. Dudó un instante, como si quisiera decir algo, pero al final solo asintió con un leve murmullo.
—Gracias —respondió en voz baja.
Karina soltó una risa aliviada.
—Bueno, entonces ahora voy a hacer la declaración, si no, mi mamá seguro se va a preocupar.
—Te acompaño.
Después de terminar el trámite, ambos se dirigieron juntos a ver a Yolanda.
Al entrar a la habitación, Lázaro tomó la mano de Karina de manera natural, entrelazando sus dedos con firmeza.
Yolanda, que recién había recibido el suero, levantó la mirada y vio las manos entrelazadas de los dos. Una ola de tranquilidad la invadió; por fin podía respirar en paz.
—Al verlos así, ya me quedo tranquila. Lo importante es que estén bien.
...
Al día siguiente, Karina recibió una llamada del departamento de policía.
—Señorita Karina, su carro será compensado con el valor completo. También le cubrirán los gastos médicos y el daño moral.
—Además, considerando las lesiones físicas y el fuerte impacto psicológico que sufrió, el tribunal ya dictó sentencia. La principal responsable fue condenada a tres años de prisión por varios delitos, incluyendo lesiones y secuestro fallido. Los cómplices recibirán un año de cárcel.
Karina se quedó muda por unos segundos, luego una alegría inusitada le iluminó el rostro.
Ella no entendía mucho de leyes, pero sabía bien que lo que pasó el día anterior, como mucho, llevaría a una detención o una multa, jamás a una pena tan severa.
Pero fuera cual fuera la razón, ¡bien merecido lo tenían!
Sus ojos se curvaron al sonreír.
—¡Policía, no manchen! ¡Qué velocidad tienen! Me parece perfecto el resultado, no tengo ninguna objeción.
Al otro lado de la línea, el policía se secó el sudor de la frente, sintiendo el peso de la presión.
¿Cómo no iban a ponerle todo el empeño posible si hasta el propio señor Lázaro había llamado personalmente a preguntar por el caso? Tenían que resolverlo rápido y sin errores.
...
En la cárcel, los responsables se desmoronaron por completo al enterarse de la sentencia.
Jamás imaginaron que por algo así terminarían presos.
Karina pensaba que Belén volvería a molestarla con sus bromas sobre Lázaro. Pero en cuanto cruzaron al pequeño balcón del cuarto de al lado, la expresión de Belén cambió al instante. Guardó la sonrisa y se puso muy seria.
Sacó unos papeles de su bolso y los desplegó.
—Mira esto. Todo el dinero que tu papá le ha dado a Sabrina y su hija estos años. Vaya que ha sido generoso con ellas.
Belén estaba indignada.
Cuando descubrió esas transferencias, la rabia casi la hace explotar.
Mientras que para la amante y su hija el dinero fluía como agua, para su esposa y su propia hija no soltaba ni un peso.
Ni siquiera esta vez, cuando Yolanda estuvo hospitalizada, ese hombre puso un solo centavo para los gastos.
Si no fuera porque Karina recibía puntualmente el dinero de su fideicomiso cada trimestre, no sabía cómo habrían sobrevivido a la tacañería de ese padre.
Karina repasó la documentación, apretando los labios con fuerza.
Aunque en su otra vida había visto cosas mucho peores sobre el desvío de la fortuna familiar, la rabia la consumía igual que antes.
Sin mostrar emoción alguna, hojeó unas páginas más y preguntó en seco:
—¿Traes pluma?

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