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Renacer: Reina de Oro, Ex de Barro romance Capítulo 7

—Ana… —Mateo sentía que su hija actuaba muy distinto hoy, y que Julián también era otro.

Se zafó del agarre de su hija y corrió a interponerse frente a la madre de Julián.

—Beatriz, ya no lo regañes. Julián ya es un hombrecito, todos los vecinos nos están mirando. El ENIS ya está encima, déjale un poquito de dignidad. ¡Julián, rápido, pídele perdón a tu mamá! ¡Dile que hoy fue un resbalón y prométele que no te vas a volver a acercar a Ximena!

Julián lo ignoró por completo; su mirada estaba clavada en Ana, quien permanecía a lo lejos con las manos en los bolsillos del uniforme. Soltó una risa burlona.

—¿De verdad creíste que con estos numeritos iba a doblar las manos? Ana…

—Julián Ledesma, bájale dos rayitas a tu ego. ¿De verdad crees que te vine a acusar? Te lo dije muy claro: cada quien por su lado. Solo vine a llevarme a mi papá; digo, ya que las cosas entre nosotros terminaron, tampoco iba a dejar que él les siguiera haciendo el favorcito de cargador gratis, ¿o sí?

Julián frunció el ceño.

La madre de Julián se apresuró a pedirle disculpas a Ana con desesperación:

—Ana, ahorita mismo le acomodo sus buenos golpes. Tú dime cómo quieres que lo castigue para que se te pase el coraje.

Diciendo esto, Doña Beatriz levantó la mano para golpear a Julián en la espalda.

Se escuchó un manotazo muy fuerte.

En su vida pasada, si Doña Beatriz hacía eso, Ana habría perdonado a Julián al instante y se habría desvivido consolando a Doña Beatriz para que no se alterara.

Pero ahora, aunque la madre de Julián obligara a su hijo a arrodillarse suplicando frente a ella, Ana no iba a ceder ni un milímetro.

—Doña Beatriz, Julián es el orgullo de la escuela y su cuerpo es intocable; no vaya a dejarlo mal y luego la culpa de que repruebe el examen sea mía. Mejor hablemos de lo que importa: ¿se va a casar con mi papá o no?

—Ay, Ana…

La madre de Julián seguía forzando una sonrisa. ¿Qué mosca le había picado a Ana hoy? ¡Se estaba portando demasiado agresiva!

Ana ni siquiera la dejó terminar; fijó su mirada directamente en Julián:

—Julián, dilo tú. ¿Quieres que mi papá y tu mamá corten cualquier lazo de una vez por todas?

Mateo explotó:

—¡Ana!

—Papá, desde niña me enseñaste a ser pobre pero orgullosa. La señora ya te dejó claro que no quiere nada contigo. Si no hay interés, no puedes forzarlo. ¿Qué caso tiene mendigarle amor? ¿Acaso sin ella nos vamos a morir de hambre tú y yo?

Capítulo 7 1

Capítulo 7 2

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