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Renacer y Casarme con el Rival de Mi Ex romance Capítulo 50

Hace poco, cuando el padre de Julio falleció y dejó todo ese desastre a sus espaldas, el padre de Elvira, apelando a su vieja amistad, había inyectado decenas de millones al Grupo Lozano. Al final, todo ese dinero se esfumó como agua entre las manos.

Aún no habían pagado esa enorme deuda, ¿y ahora tenían el descaro de pedir más prestado?

Elvira mantuvo su sonrisa y preguntó suavemente:

—Doña Teresa, ¿cuánto dinero necesita la familia Lozano para superar esta crisis?

Al escucharla, Doña Teresa se iluminó y respondió de inmediato:

—¡Solo necesitamos mil millones de pesos! ¡Con eso, la familia Lozano se salva de la ruina!

Al oír «mil millones», Elvira fingió estar en un dilema.

—Mil millones de pesos... eso es demasiado...

Doña Teresa, aterrada de que Elvira la rechazara, le tomó las manos con desesperación y suplicó:

—Elvira, eres una buena chica y tu padre es un gran hombre. No tenemos a quién más recurrir. ¡Si no conseguimos esos mil millones, nos quedaremos en la calle!

Sabiendo que Elvira heredaba la compasión de su padre, Doña Teresa comenzó a llorar a lágrima viva relatando sus desgracias:

—Sé que Julio fue un idiota antes, pero ya le di su merecido. Puedes estar tranquila, ¡en mi corazón solo existe una nuera y eres tú! ¡Cuando te cases con Julio, serás como mi propia hija, y los Lozano y los Torres volveremos a ser una sola familia!

Escuchar esos comentarios asquerosos fue demasiado para Elvira, quien no pudo evitar retirar las manos con delicadeza, pero con firmeza. Riendo ligeramente, dijo:

—Doña Teresa, antes éramos como una familia, ¿qué cosas dice? Sin embargo, mil millones de pesos es una cantidad enorme. Aunque en la familia Torres tengamos algo de dinero, no podemos simplemente prestar mil millones de golpe.

—E-entonces... ¿qué vamos a hacer?

El pánico se apoderó de Doña Teresa. ¡Si no conseguían los mil millones, los cobradores vendrían a rematar la mansión en un par de días!

Doña Teresa fingió dudar:

—Pero... ¿tu papá estará de acuerdo?

—Mi papá no puede decirle que no a nadie. Déjeme eso a mí, le garantizo que aceptará.

Al notar que Doña Teresa seguía dudando por no querer soltar la pequeña mina de oro que representaban esas acciones, Elvira añadió:

—Doña Teresa, se lo digo por su propio bien. He oído que los cobradores de deudas tienen métodos muy crueles. Si no les pagan, les rompen las piernas o les cortan las manos a los deudores.

Al escuchar lo de cortar las manos y romper piernas, el rostro de Doña Teresa se quedó sin una gota de sangre.

—Es verdad, es verdad... en las telenovelas siempre pasa eso. E-está bien, les cederé las acciones. Solo dime, ¿cuándo me depositarían el dinero?

—No coma ansias, Doña Teresa. Aún hay una condición más que debe aceptar sin excusas.

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