Al escuchar esto, Teresa asintió con fervor, dándole toda la razón.
¡De verdad no tenían de dónde sacar esos doscientos millones!
—Por eso, pensé en dos opciones —continuó Elvira—. La primera es descontarlos de los mil millones que le vamos a entregar. La segunda es que nos queden a deber esos doscientos millones por un tiempo. Puedo pedirle a mi abogado que redacte un contrato y simplemente dejan como garantía algunos bienes del Grupo Lozano que tengan el mismo valor.
—Garantía... dejaremos una garantía, sí.
Teresa ni lo pensó y eligió la segunda opción de inmediato.
Eso era exactamente lo que Elvira quería.
Conocía perfectamente el carácter de Teresa.
En ese momento, la familia Lozano necesitaba los mil millones en efectivo con urgencia, ¿cómo iba a aceptar recibir doscientos millones menos?
Además, Teresa seguía creyendo que la familia Torres era débil y fácil de pisotear, por lo que pensó que eso de la garantía sería solo un trámite.
No tenía idea de que la desgracia estaba a punto de caer sobre la familia Lozano.
—Muy bien. —Elvira miró al licenciado Valdés, que estaba detrás de ella con su computadora portátil—. De acuerdo con lo que acabamos de hablar, ¿ya está listo el contrato?
—Ya está listo.
El abogado puso la computadora frente a Elvira y Teresa para que vieran el documento recién redactado.
—Imprímalo, por favor —indicó Elvira—. Si a Doña Teresa le parece bien, lo firmamos hoy mismo. Así podremos transferirle el dinero a la familia Lozano lo antes posible.
Al oír esto, Teresa asintió enérgicamente.
Ella no entendía nada de contratos, pero mientras las cláusulas favorecieran a los Lozano, le daba igual.
Elvira siguió bebiendo su té con total tranquilidad. Cuando vio que Teresa, después de hojear el documento, ponía su sello y firmaba, dejó escapar una sonrisa de satisfacción.
—Doña Teresa, creo que para cubrir la garantía podemos usar las cinco propiedades de la familia Lozano en el centro y los tres autos de lujo. Pero... siento que todavía falta un poco para cubrir el monto total. Esto es un problema.
Al ver la supuesta preocupación de Elvira, Teresa tuvo miedo de que se echara para atrás, así que se apresuró a decir:
—Todavía tengo algunas joyas de gran valor guardadas. Por lo menos valen unos veinte millones. Espérame, voy a traerlas.
—Señorita Torres, ¿cree que esto fue lo correcto?
—¿Por qué no lo sería? Durante todo este tiempo, ¿cuánto dinero le regalamos a la familia Lozano? Ya era hora de que pagaran.
El rostro de Elvira se mantuvo impasible.
En resumen, no iba a permitir que la familia Torres volviera a hacer negocios donde salieran perdiendo.
Y mucho menos dejaría que la familia Lozano se siguiera aprovechando de ellos.
Al anochecer, cuando Elvira regresó a casa, Alejandro Torres seguía preocupado, pensando que las cosas no habían salido bien. Sobre todo cuando vio la cara de circunstancia del licenciado Valdés, dejó escapar un suspiro:
—Dime, ¿cuánto perdimos? Que tu padre se vaya preparando psicológicamente.
Elvira sonrió y entrecerró los ojos.
—Ganamos setecientos millones de pesos.
—¿Ganamos? ¿¡Setecientos millones!?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Renacer y Casarme con el Rival de Mi Ex