Entrar Via

REY DE ESPADAS. La novia forzada romance Capítulo 20

CAPÍTULO 20. Besos y vestidos

No había un buen motivo, no había una finalidad ni un objetivo superior. Solo había adrenalina y una curiosidad demasiado peligrosa como para ignorarla. Los labios de Raven se estamparon contra los de Rowan, y no fue un beso inocente ni de agradecimiento. Fue uno de esos besos largos, lentos y llenos de intención. Sus labios se movían con la seguridad de quien sabe lo que quiere y la inexperiencia de quien no lo ha conseguido antes.

Acarició el cuello de Rowan con suavidad, con intención inconsciente de buscarle los puntos sensibles como si fueran botones ocultos hasta que lo escuchó gruñir con un tono bajo, grave, masculino. De esos gruñidos que dicen más que mil discursos.

Y él quería que la tierra se los tragara allí mismo a los dos, porque una cosa era no poder moverse y otra muy diferente era poder soportar toda la amplia gama de reacciones que aquella mujer le causaba sin que le diera un colapso y sin poder tocarla como quería. Sintió su lengua hundiéndose en su boca con intención demandante, y cuando finalmente se separaron, ambos respiraban con fuerza.

Raven lo miró a los ojos y aquella sentencia se le escapó sin que pudiera evitarlo.

—Estás completamente loco por querer casarte con una mujer que no se acuerda de ti —murmuró y Rowan le devolvió la mirada, todavía un poco desorientado por aquel beso, pero con esa chispa divertida que le salía cuando ella lo provocaba.

—Y tú estás más loca por querer casarte con un hombre al que no recuerdas.

Raven soltó una risa suave, con un brillo travieso en la mirada.

—Entonces creo que tenemos que cambiarle el nombre a tu mansión. Ya no será Harrelson Hall... ahora será El Psiquiátrico Harrelson.

Rowan soltó una carcajada genuina, de esas que le nacían desde el pecho, y en ese mismo segundo vio cómo Raven se ponía más roja de vergüenza de lo que la había visto jamás en su vida. Él estaba duro como una piedra y bastaba esa carcajada para que ella lo sintiera debajo de su trasero.

—¡Ay Dios! Al final va a ser que esta sí es una escena no apta para oficinas —carraspeó levantándose y Rowan se mordió el labio inferior para no reaccionar como quería.

A Raven solo le faltaba rascarse la nuca con esa inocencia tan natural en ella, y a él se le olvidaría que tenía que tenía un teatro que mantener.

—Será mejor que nos vayamos a casa antes de que haga el ridículo frente a las cámaras de seguridad —dijo él, casi en un susurro.

—Demasiado tarde, estoy segura de que ya hay un guardia pensando que no le pagamos suficiente por vernos —respondió ella mientras se alisaba la falda con un movimiento mecánico.

Ambos salieron de la oficina aparentando tranquilidad, pero los pasos de Raven eran apresurados y los pensamientos de Rowan eran... impacientes.

Cuando llegaron a la mansión Harrelson, aún con el aire cargado de electricidad entre ellos, Rowan la miró con intensidad.

—Todavía tengo que revisar unas cosas importantes, me voy al despacho, pero tengo alfo para ti.

—¿Secretos? —preguntó ella, alzando una ceja.

—No, solo un pequeño plan en marcha. Una sorpresa que te está esperando en el salón del ala oeste —respondió Rowan con ese tono misterioso que a ella de le sacaba las ganas de espiarlo con binoculares.

—¿El ala oeste? ¿Qué soy la Bella ahora? ¿Entonces tú eres la Bestia? —preguntó inclinándose hacia él, sin saber por qué demonios le estaba gustando jugar con él.

—Raven… no me hagas responderte esa pregunta ahora mismo —replicó Rowan y ella dio dos pasos atrás, perdiéndose por el pasillo antes de que aquello se pusiera más intenso todavía.

CAPÍTULO 20. Besos y vestidos 1

CAPÍTULO 20. Besos y vestidos 2

CAPÍTULO 20. Besos y vestidos 3

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: REY DE ESPADAS. La novia forzada