CAPÍTULO 65. Planes revelados y pérdidas millonarias
Un murmullo recorrió el salón cuando un grupo de hombres trajeados, impecablemente vestidos y con porte de ejecutivos, empezó a avanzar hacia el centro. Eran seis en total, todos caminando con una sincronía que no dejaba lugar a dudas: no estaban ahí por casualidad. Había algo meticulosamente preparado en su entrada. El murmullo creció y por supuesto algunos invitados los reconocieron al instante, otros simplemente se apartaron para dejarles pasar, conscientes de que presenciaban algo importante.
Rowan, desde el centro del escenario, sonrió con tranquilidad, como quien ha esperado mucho tiempo para disfrutar de ese momento.
—Ellos —dijo, señalando con un gesto contenido al grupo que se aproximaba— son los proveedores de Harrelson Holdings. Y como pueden ver... jamás cesaron su relación con la compañía.
Hubo un silencio denso, cargado de asombro. Todos los rostros se giraron hacia los recién llegados, pero nadie decía nada. Las bocas seguían entreabiertas, y los ojos seguían fijos. Parecía una escena sacada de un drama empresarial de alto nivel.
Ottavio miraba a aquellos hombres con expresión desencajada, pero al final sabía que todo aquello solo era el paisaje final de una obra muy bien montada, mucho mejor que la que él mismo había creído preparar contra su cuñado.
En ese instante, viendo cómo Rowan miraba a sus amigos, se dio cuenta de que detrás de esa coreografía impecable de caídas, rumores y traiciones, había habido algo más: una estrategia, una venganza silenciosa y quirúrgica.
Quizás él había iniciado todo con ese informe de salud falso, pero el resto de las piezas del tablero no se habían movido solas. Cada uno de los amigos de Rowan había tenido una función específica en esa jugada final.
Cedric había sido el encargado de enviar a los falsos “agentes de embargo”, aquellos que habían simulado ejecutar órdenes judiciales para sembrar el pánico. Vestidos con trajes oscuros y actitud implacable, habían logrado engañarlos a él y a su hijo, hacerles creer que todo estaba perdido para que vendieran.
Tristan, por su parte, era el que se había dedicado a hablar directamente con los proveedores. Sabía exactamente qué decir y cómo decirlo para que accedieran a simular una ruptura real con la compañía. A fin de cuentas, si Harrelson Holdings era dirigida por un idiota como Ulises, tarde o temprano sus propias pérdidas los harían retirarse. Su tarea era clara: permitir que Ottavio oyera lo que quería oír, justo en el momento preciso. Una mentira elegante, disfrazada de verdad parcial.
Y Alaric… Alaric era el brazo de poder detrás del movimiento maestro. Su trabajo era comprar en silencio las acciones de Ulises y Ottavio justo cuando salieran al mercado, aprovechando el pánico y la desesperación de la pérdida, y no dejarlos volver a recuperar ni una sola acción más. Todo para devolverle el imperio a su verdadero dueño.
—¡Malditos… malditos…! —gruñó Ulises con fiereza porque ahora era demasiado evidente que lo habían engañado y muy bien.
Pero su padre, que parecía entender el golpe con más profundidad, fue quien dio un paso al frente. Señaló a uno de los hombres del grupo de proveedores, un tipo alto, de cabello gris y expresión seria; y su voz salió más alta de lo que pretendía, teñida de incredulidad y frustración.
—¡No, eso no es cierto! ¡Eso no es posible! ¡Tú! —señaló con un dedo tembloroso a uno de los hombres del grupo—. ¡Tú hablaste conmigo! Dijiste que no volverías a trabajar con Harrelson Holdings por nada del mundo, que habías cesado sus contratos. ¡Lo dijiste claramente!

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