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Secreto indecente romance Capítulo 29

Caminó lentamente hasta la puerta quedándose en silencio detrás de la misma. Ya era muy tarde para que estuviera parado allí afuera, ¿y qué pasaba con el idiota de su vecino? ¿A dónde demonios se había ido?

—Liana, abre la puerta.

Ella decide abrir y al hacerlo lo primero que ve son los ojos azules de Giovanni.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—He venido para que me expliques que demonios fue todo ese show con el imbécil del vecino tuyo.

—Mi padre podría llegar en cualquier momento, ¿estás demente? Es muy riesgoso que te quedes.

Pero Giovanni no le importo, a cambio avanzo al interior de la casa cerrando la puerta a sus espaldas.

—Giovanni, por favor, este no es el mejor momento para hablar.

—¿Y cuándo lo es? —la rubia no responde, solo se cruza de brazos —. Quiero que me digas lo que está pasando con ese idiota, ¿es todo cierto lo que ha dicho?

Ella pestañea un par de veces al mismo tiempo que aplana los labios, la mirada fiera de ese hombre la hacía sentirse tan pequeña e intimidada.

No obstante, no estaba segura de contarle lo que estaba pasando con el idiota de su vecino. Es que sospechaba que la reacción que tendría Giovanni para con él no sería nada buena aunque se la mereciera. Pero también estaba el detalle de que ese imbécil podría decirle todo a su padre.

Liana suelta un suspiro…

—Entonces, ¿es cierto? —ella baja la mirada, no podía seguir con eso.

—Creo que debes irte, Giovanni.

Su petición le hizo encender la sangre, lo estaba echando de la casa porque todo lo que había sucedido horas antes era cierto. Ella se estaba liando con ese hijo de puta a quien le partiría la maldita cara en cuanto tuviera la oportunidad.

El CEO avanza hasta donde estaba ella quedando a muy poca distancia de su persona, mira hacia abajo notando que ella ni siquiera le mantiene la mirada. La toma por el mentón y la hace verlo.

—¿Crees que puedes echarme de aquí así como si nada? ¿Y qué me quedare tranquilo y conforme con lo que estás haciendo? Tenemos un convenio y no lo vas a romper así como si nada.

—¡Tienes que irte! —le dice lo más seria posible.

Luego de eso, Liana hace amago de rodearlo, pero Giovanni la sujeta de la cintura para envolverla con sus brazos. Seguidamente posa sus labios con los de ella y de manera inmediata la rubia le corresponde al beso igualmente con fiereza.

Liana encierra el cuello de Giovanni y da un pequeño salto que él capta de inmediato y termina por tomarla por la curva de sus nalgas. El castaño emprende el camino hasta la habitación de ella y en segundos llegan hasta la cama donde se tumban con violencia.

—Liana, yo no puedo permitir que seas de ese idiota.

Giovanni suelta las palabras con desespero mientras la despoja del vestido con urgencia. Al liberar sus tetas de la prenda se mete una en la boca con tanta intensidad que la hace gemir con fuerza, su cuerpo se arqueo por instinto y todos los vellos de su cuerpo se erizaron.

El CEO sabía que esa reacción ningún otro hombre se la haría sentir, solo él tenía ese poder sobre su cuerpo.

Conduce una de sus manos libres por el costado de su cuerpo hasta llegar a la altura de la liga de sus pantaletas, mete la mano por debajo de la alianza y termina por coronar los labios humedecidos de su coño.

Sin perder el tiempo hace a un lado sus labios e introduce unos de sus dedos en su centro hasta llegar al fondo de su vagina.

—¡Ahhhh! —Liana gime con fuerza al sentir que su coño es invadido sin nada de sutileza —. Giovanni —jadea su nombre con pasión y lujuria.

Él sigue penetrando su coño con su mano mientras besa sus labios de manera feroz y apasionada, su lengua jugaba un papel importante en la boca de Liana. Ella jadeaba sin parar lo que lo quemaba por dentro.

Se separa lo suficiente de Liana para bajar su pantalón y quedar desnudo de cadera hacia abajo, luego levanta la falda de la rubia para hacer a un lado sus pantaletas. Abre un poco más sus piernas y se cuela entre ellas con su polla erecta.

Inclina su cuerpo ansioso hacia la vagina de Liana y en una única embestida penetra su coño con fanatismo.

—¡Ah! ¡Giovanni! —clama con fuerza mientras se aferra a sus brazos.

Ella mantenía los ojos cerrados al mismo tiempo que Giovanni entraba y salía de su coño como un animal. Empujaba su pelvis contra la suya con mucho ímpetu, y eso la estaba volviendo loca.

Liana mordía sus labios para reprimir las ganas que tenia de gritar, pero ese hombre sobre ella no se lo ponía nada fácil, le daba tan rico que ya no lograba aguantarse. Giovanni la enloquecía, estaba completamente enamorada de él, no deseaba estar con nadie más que él.

—Giovanniiiiiiii —grita con todas sus fuerzas, abre sus muslos lo más que puede sintiendo las manos del castaño aferrarse a sus caderas.

Unos segundos después la rubia siente una especie de presión en el interior de su coño que la lleva a morder sus labios, la experiencia de sentirlo correrse dentro de su cuerpo era tan maravillosa y placentera que su boca se hacía agua.

Su corazón no dejaba de palpitar, cada que vez que estaba con Giovanni era como una aventura. No se aburría, cogieran como lo hicieran siempre era placentero y satisfactorio para ella.

Pero solo era sexo para Giovanni, mientras que para ella era otra cosa muy diferente. Eso la hizo abrir los ojos y pensar en todo sus problemas una vez más. Luego observa al castaño quien también la estaba observando.

—Dime que todo es mentira, Liana…

Era su oportunidad para aclarar las cosas; pero debía tomar en cuenta su situación con Giovanni primero y todas las tenía muy en claro. Él no la amaba, y entre ellos solo quedaba una semana y eso sería el fin de todo.

Y a pesar de haberse enamorado de él, sabía que no iba a ser correspondida. De nada serviría confesarle sus sentimientos hacia él, puesto que solo conseguirá alejarlo más y quedar en ridículo.

Lo mejor era que le hiciera creer que estaba hablando en serio y zanjar ese tema de una vez por todas. Lo mejor para ella era terminar aquella loca aventura de la manera más tranquila, sin que su padre se enterase y perdiera su empleo y sin que Giovanni saliera perjudicado.

Le dolía lo que estaba a punto de hacer, pero era lo correcto.

—¡Si, es cierto! —su confesión hizo que Giovanni retrocediera un poco.

—Estas mintiendo, no es posible que me estés diciendo la verdad —le dice poniéndose en pie.

—¿Por qué no?

Giovanni guarda silencio, pero no deja de mirarla.

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