Punto de vista de Judy
Observé a Gavin alejarse con Zachary, y aunque fui yo quien le dijo que estaría bien, una parte de mí quería detenerlo. Mi loba tampoco lo tomó bien; no le gustaba que nuestro compañero se alejara en un lugar que, por alguna razón, despertaba una sensación extraña en mí. Era como si esa mansión escondiera algo... algo que me pertenecía.
El problema era que quería descubrirlo con Gavin, no sin él.
Respiré hondo, solo serían unos minutos. Y si pretendía convertirme en una Luna capaz, tenía que dejar de temblar ante lo desconocido.
—¿Judy? —Selene llamó mi atención—. ¿Vienes?
Asentí, tragando el nudo de mi garganta.
Selene me condujo a un salón pequeño junto al pasillo principal, donde la luz entraba por las ventanas altas y el polvo flotaba como si brillara por sí mismo.
—Aquí empezaremos —anunció—. Primero nos enfocaremos en la postura y presencia. Luego estudiaremos los modales en la mesa, conversación, y cómo responder preguntas. Como Luna, todos te harán preguntas... y esperarán respuestas impecables.
Miré mi camiseta grande y mis jeans, lo único que se sentía cómodo con mi pequeña barriga ya asomándose.
—¿Debo cambiarme? Traje un vestido y tacones...
—No hace falta —respondió con una sonrisa tranquila—. Estás embarazada y tu cuerpo cambia todos los días. Además, nadie espera que estes arreglada todo el tiempo, ser Luna es mucho más que la ropa.
Me sonrojé.
—Eso mismo dijo Gavin —admití.
—Es un Alfa muy sensato. Tienes suerte de que sea tu compañero —agregó—. Bueno, empecemos. La postura y el tono pueden ser tan eficaces como un mandato.
Parecía tan fácil cuando ella lo decía.
Imité su posición: manos relajadas a los lados, hombros atrás, mentón recto. Ella ajustó un par de detalles, bajando mi cabeza apenas.
—Así —dijo mientras daba una vuelta a mi alrededor—. La gracia no es rigidez, es conciencia.
Quise concentrarme, pero el aire vibraba y una sensación profunda, como un murmullo que venía desde las paredes, se metía bajo mi piel. Cada vez que respiraba, lo sentía acompañar mi pulso.
Parpadeé y me enderecé otra vez. —¿Así está mejor?


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