El dueño de una de las compañías presentes era justamente el director Lira.
Camilo estaba usando a Daisy como pretexto para presionar un poco al director Lira.
Daisy se sintió un tanto incómoda por la situación.
Sin embargo, el director Lira se adelantó y le pidió a Daisy que lo agregara a sus contactos.
—Señorita Ayala, si en el proyecto del juego hay algo que no comprenda, puede preguntarme. Haré todo lo posible por ayudarle.
—Entonces, puede que lo moleste más adelante, director Lira.
—No hay problema, de verdad —respondió el director Lira, mostrándose bastante humilde.
Desde un extremo de la sala, Vanesa no les quitaba la mirada de encima. Sus ojos casi parecían lanzar chispas.
Era especialmente difícil para ella ver a Daisy platicando animadamente con los demás y recibiendo un trato tan cordial por parte de Camilo. Eso le provocaba un nudo en el pecho.
Lo único que la consolaba era que Oliver no le puso atención a Daisy en ningún momento. Ni siquiera la miró de frente.
Por fortuna, Oliver siempre permanecía de su lado.
Apenas terminó la reunión, Vanesa se levantó de inmediato y, con paso decidido, fue directo hacia Camilo. Estaba resuelta a que él se fijara en ella.
—Señor Ferrer, ¿cómo está? Soy Vanesa. Antes compartimos una comida, ¿no sé si todavía me recuerda?
Vanesa intentó mostrarse segura y amigable al hablar con Camilo.
Él asintió, aunque en su mirada se notaba cierto fastidio. No lo expresó abiertamente, por simple educación, así que respondió con cortesía:
—Sí, te recuerdo, eres la de presidente Aguilar...
Hizo una pausa, sin que quedara claro si era a propósito o porque se le había ido el nombre.
—La prometida —añadió Vanesa enseguida.
—Ah, así que es la prometida —Camilo en realidad pensaba decirle novia, pero no estaba seguro.
La invitación de compromiso que no había podido entregar antes, por fin encontró su momento.
—Oli y yo vamos a comprometernos. Si tiene tiempo, señor Ferrer, nos encantaría invitarlo a la ceremonia.
—Perfecto —respondió Camilo, haciendo una seña a su secretario para que tomara la invitación.
Después, se dirigió a Daisy.
—Señorita Ayala, si tiene un momento, me gustaría platicar sobre el tema que tocamos hace rato.
—Por supuesto —contestó Daisy, sin dudarlo.
Vanesa ni siquiera tuvo oportunidad de presentarle a Camilo el juego en el que había estado trabajando. Él ya se había marchado.
Ni siquiera Camilo podía resistirse a eso.
...
Fernando llegó a la segunda mitad de la reunión, después de que una junta importante en la mañana lo retrasara.
Apenas puso un pie en el salón, su mirada buscó a Daisy de inmediato.
Cuando la localizó, fue directo hacia ella, sin fijarse en que Vanesa y Oliver estaban más cerca.
Fue Vanesa quien primero lo vio, y sorprendida, le hizo señas con la mano.
—¡Fernando!
Fernando le sonrió de oreja a oreja mientras se acercaba.
Vanesa estaba a punto de preguntarle qué hacía ahí, cuando apenas alcanzó a decir “¿Tú...?”, Fernando la ignoró por completo y pasó de largo, incluso con una sonrisa todavía más grande.
Con paso seguro y un tono alegre, se acercó a Daisy.
—¡Daisy, por fin te encuentro!
El gesto de Vanesa se congeló en cuanto escuchó el nombre de Daisy salir de los labios de Fernando.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Siete Años para Olvidar