Entrar Via

Siete Años para Olvidar romance Capítulo 357

En ese instante, mil pensamientos se arremolinaron en la cabeza de Daisy.

Podría haber dicho frases como: “Que sean felices para siempre, que envejezcan juntos hasta el final”.

O si hubiera querido ser más sarcástica, podría haber soltado: “Ojalá nunca se separen, que siempre estén juntos y no vuelvan a salir a amargarle la vida a nadie”.

Pero al final, no dijo nada.

Ni bendiciones ni maldiciones parecían justas para la persona que alguna vez amó de verdad.

Así que eligió quedarse en silencio.

Después de que Daisy se fue, Oliver siguió comiendo pastel, solo y en silencio.

Cuando ya había comido un poco menos de la mitad, murmuró para sí mismo:

—Vamos a tomar el pastel como si fuera tu bendición.

No pudo terminarlo, pero tampoco tuvo corazón para tirarlo. Lo guardó con cuidado y lo metió al refrigerador.

Entonces, sacó su celular y marcó un número.

—Ella debería contactarte en estos días.

...

Ese breve reencuentro con Oliver agitó un poco el corazón de Daisy.

Pero esa emoción, igual que llegó, se desvaneció rápido.

Apenas salió del hotel, el viento helado la envolvió y todo se disipó.

Antes, Daisy había sobrevivido a una larga etapa oscura, sosteniéndose solo por su terquedad y orgullo.

Después, gracias a lo que aprendió en esos días difíciles, siguió adelante sin mirar atrás.

La vida es demasiado larga como para aferrarse al pasado. Había cosas mucho más valiosas por hacer.

Por eso, esa misma noche Daisy buscó a Ricardo.

A la mañana siguiente, tomó un vuelo directo al pueblo de Ricardo.

Ricardo no esperaba que Daisy llegara tan rápido. La sorpresa se le notó en la cara.

Daisy incluso le llevó desayuno. Cuando se lo entregó, Ricardo notó que ella lo puso deliberadamente a su lado izquierdo.

Ricardo se quedó un momento intrigado.

Daisy le explicó:

—Noté que tienes la costumbre de usar la mano izquierda.

—Señorita Ayala, usted sí que es observadora —le dijo Ricardo, admirando de verdad lo detallista que era Daisy.

Hoy en día, en un mundo tan acelerado, encontrar a alguien así de atento era difícil.

Además, Daisy no solo era cuidadosa, también era trabajadora y muy profesional.

—Manita, hoy tengo medio día libre. Voy a visitarte.

Camila estaba grabando en Puerto Real, y la distancia era corta.

Camila no cabía de la emoción y, por teléfono, juró que le tenía preparada una sorpresa.

Daisy le preguntó cuál era, pero Camila no soltó prenda, manteniendo el misterio.

Ya cuando llegó, Daisy por fin entendió de qué se trataba la sorpresa.

El bar estaba a reventar y la música retumbaba con fuerza.

La pista de baile estaba llena de gente moviéndose sin parar.

Daisy, sentada en un rincón VIP, se llevó la mano a la frente.

—Mejor hubiéramos regresado al hotel a tomarnos unas cervezas y pedir unos tamales, ¿no crees?

Pero Camila pensaba diferente.

—Siempre dices que te sientes vacía, pero es porque los últimos siete años los viviste para Oliver. Él nunca lo valoró y terminó por herirte. Por eso sientes que no te queda nada por dentro.

—Esto es para ayudarte a recuperar tu ánimo, ¿entiendes?

Aunque no se veían seguido, Camila siempre estaba al pendiente de la vida sentimental de Daisy.

Cuando supo que Daisy había rechazado a varios hombres buenísimos, no pudo evitar preocuparse por ella.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Siete Años para Olvidar