En la ventana de mensajes, Ramón seguía escribiendo algo.
Sin pensarlo dos veces, Pablo lo bloqueó y siguió comiendo su banquete con tranquilidad.
El mensaje de Ramón nunca salió. Se le endureció el gesto y, al final, soltó una carcajada desdeñosa.
—¡Ni siquiera sabe valorar lo que se le da! ¡Está destinado a quedarse en la mediocridad toda su vida!
En ese momento, Vanesa lo llamó para que tomara asiento y le avisó que el evento estaba por iniciar.
Ramón se levantó de inmediato, apresurando el paso, con la espalda un poco encorvada sin darse cuenta.
—Directora Espinosa, ¿por qué no das tú el anuncio oficial para comenzar el evento?
Vanesa sonrió con amabilidad.
—Tú eres el fundador, deberías hacerlo tú.
Ramón agitó las manos con insistencia.
—No, no, no, Dream está donde está gracias a ti, directora Espinosa. Sería un honor que tú inauguraras el evento.
—Bueno, está bien —aceptó Vanesa, asintiendo.
Antes de que el presentador hiciera el anuncio oficial, Vanesa recibió una videollamada de Luis.
Al responder, se encontró en la pantalla con varios rostros conocidos, lo que le levantó aún más el ánimo.
Luis habló primero.
—Vane, armamos una reunión aquí en San Martín solo para celebrar contigo a la distancia. Así compensamos que no pudimos estar ahí.
—Agradéceles de mi parte, ¿sí?
—No hay nada que agradecer, esto fue idea de Oli —Luis giró el celular para enfocar a Oliver—. ¿O no, Oli?
Oliver levantó su vaso hacia la cámara, brindando con una sonrisa silenciosa.
La mirada de Vanesa se suavizó.
—Recibido.
Luis aprovechó para bromear.
—Oye, ¿será que con nosotros aquí Oli ya no se anima a decirte cosas cursis? Mejor, mejor, dejemos lo meloso para cuando estén solos. No queremos escuchar sus secretos.
Vanesa sonrió de medio lado.
Azucena la llamó para felicitarla por ese nuevo logro.
Pero, al mismo tiempo, le advirtió que no se dejara llevar por la emoción y no olvidara lo más importante.
Vanesa le respondió con seguridad.
—No lo he olvidado. Cuando termine aquí y regrese a casa, lo primero que haré será hablar con Oli. Ahora que cuento con Dream como respaldo, Oliver ya no podrá ignorarme.
Azucena pensaba lo mismo.
Hasta ahora, madre e hija estaban convencidas de que Mario Aguilar no quería a Vanesa porque, desde que ella había regresado al país, no había logrado ningún éxito.
Por eso, en esta ocasión, Vanesa tenía más ganas de ganar que nunca.
Quería que Mario la viera con otros ojos.
En el pasado, cuando se sentía desanimada, había pensado en conformarse con que Oliver la aceptara. Si Mario no la aceptaba, no pasaba nada; cuando todo estuviera decidido, con el tiempo, él terminaría aceptándolo.
Sin embargo, durante la entrega de invitaciones para el evento, Azucena escuchó los comentarios entre las señoras de las distintas familias. Aunque en público decían alegrarse por Vanesa, en privado comentaban que Mario nunca la aprobaría.
Incluso decían que si Mario no la aceptaba, la posición de Vanesa sería tan incómoda como la de una amante.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Siete Años para Olvidar