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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 385

Hasta que la silueta de Daisy desapareció por completo, Luis seguía sin reaccionar.

¿Así nomás se fue?

¿Ni siquiera volteó?

Eso no era para nada como él se había imaginado que terminaría la escena.

—Ya se fue —Oliver presionó el botón para detener el elevador, interrumpiendo el cierre de las puertas y llamando a Luis.

Luis finalmente se apuró y entró corriendo.

Dentro del elevador, Luis le preguntó con curiosidad a Oliver:

—Oli, ¿y esta vez por qué no te fuiste con Vane a San Juan para el lanzamiento de Dream?

Oliver respondió con calma, sin mostrar mucho en el rostro:

—Algún día tiene que aprender a arreglárselas sola.

—¡No manches! ¡Oli, esa sí es actitud de novio de verdad! —Luis puso cara de estar viendo una historia romántica en vivo.

No pudo evitar suspirar:

—La neta, uno debe amar así de fuerte para atreverse a casarse.

Pero Oliver no parecía muy interesado en ese tema, y en vez de eso le preguntó a Luis:

—¿Sabes en qué anda metido Yeray últimamente?

—Ni idea, desde que regresó ni su sombra se ve. Cada que lo invito a salir me sale con que está ocupado, no sé qué tanto hace —Luis ya traía ese tema atravesado.

Y aprovechó para quejarse también de Fernando:

—Fer igual, nunca se deja ver.

—Hay que armar algo en la noche —propuso Oliver de repente—. Invítalos a echarse unos tragos.

A Luis le encantaba ese plan, así que aceptó sin pensarlo.

—¡Mejor en la tarde! —añadió—. La presentación de Vane es como a las cuatro, ¿no? Nos juntamos y brindamos por ella aunque sea de lejos.

—Como quieras —Oliver no puso objeciones.

Luis era de hacer las cosas en serio, así que fue avisando y dejando claro que nadie se podía rajar.

Si alguien no iba, prometió molestarlo diario hasta que aceptara.

...

Después de visitar a Ricardo, Daisy regresó directo a la oficina.

Por la mañana tuvo una junta, y en la tarde se conectó por videollamada con Pablo Castaño para revisar el avance del trabajo.

—De hecho, todo este tiempo he estado al pendiente de Dream. En el fondo, deseo que le vaya bien, porque ahí también dejé mucho de mi esfuerzo.

—Pero ahora... la verdad, me da tristeza, pero Dream seguro va a tropezar —Pablo lo dijo con algo de pesar.

Pero justo como Daisy había dicho, retrasar lo inevitable no cambiaba el final.

Y ya que había soltado las riendas, no tenía sentido volver atrás.

—Nosotros a lo nuestro —dijo Daisy.

Antes de terminar la videollamada, Daisy le avisó a Pablo que, cuando regresara a San Martín, ya podrían empezar a formar su propio estudio.

Pablo sintió cómo se le quitaba la pesadez del pecho, y como ya era hora de comer, invitó a su asistente a celebrar con una buena comida en el restaurante.

Apenas empezaban a comer, cuando le sonó el teléfono: era Ramón.

Pablo ni necesitaba adivinar para saber a qué iba esa llamada, así que decidió no contestar.

Ramón enseguida le mandó varios mensajes repletos de presunción y aires de superioridad.

[Pablo, ¿ya viste? ¡Lo logré!]

[¿Ahora ni siquiera te atreves a contestar mis llamadas?]

[Por los años de amistad, te doy una última oportunidad: regresa a PixelArtes Studios, trabaja para mí. Sabes bien que siempre he admirado tu talento.]

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