Valerio Becerra se levantó con elegancia para saludar a Daisy, y le abrió la silla con toda cortesía, invitándola a sentarse.
Daisy, con una mirada inquisitiva, dirigió la vista hacia Camila.
Camila, sintiéndose acorralada, sólo podía agachar la cabeza y concentrarse en su comida.
Valerio, viendo la situación, decidió intervenir y aclarar las cosas.
—La señorita Benítez me comentó que no conoce muy bien San Martín y que como tú andas tan ocupada con el trabajo, me llamó para preguntarme sobre restaurantes con algo especial por aquí. Yo tenía tiempo libre y vine para echarles la mano.
Daisy se acomodó en la silla con tranquilidad, echando una mirada de reojo a cierta persona que parecía querer desaparecer debajo de la mesa. Luego le preguntó a Camila:
—¿Que no conoces San Martín? ¿Para qué te sirvieron los cuatro años en la universidad?
Camila, al ser descubierta por su mejor amiga, ni siquiera parpadeó.
Después de todo, era actriz y este tipo de situaciones las manejaba con una mano en la cintura.
—Lo que pasa es que después de graduarme me la he pasado trabajando fuera, hace un montón que no venía y ya se me olvidaron las cosas. Además, San Martín con gente tan movida como el señor Becerra se ha desarrollado a mil por hora, ya ni lo reconozco.
Daisy soltó una risa resignada.
Los platillos ya estaban pedidos de antemano. Apenas Daisy se sentó, Valerio llamó al mesero para que sirviera la comida.
Todo lo que trajeron era bastante ligero y, además, la mayoría eran los platillos favoritos de Daisy.
Camila, con una sonrisa llena de picardía, comentó:
—Cuando el señor Becerra pidió la comida, me preguntó qué te gustaba. Yo nada más le dije y él pidió todo lo que tú prefieres. Muy considerado, pero ni me preguntó qué me gusta a mí.
Valerio, algo apenado, le pasó el menú a Camila por si quería pedir algo más.
—No pasa nada, hasta comida para perro me como, yo no soy exigente.
Daisy, por debajo de la mesa, le dio una patada.
—¡Ay! —exclamó Camila.
Daisy pensó que la había pateado justo donde tenía el tobillo lastimado, pero Camila puso una cara de “estoy fingiendo”, así que Daisy ya ni supo qué hacer con ella.
Mientras comían, Valerio trató de sacar plática con Daisy, pero casi todo giraba en torno al trabajo.
Camila sentía que la cabeza le iba a estallar.


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