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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 395

Aunque Azucena intentaba calmarse, por dentro seguía hecha un manojo de nervios.

El asunto era que Mario ya estaba redactando su testamento, y eso traía demasiadas incógnitas.

Aunque Oliver había dicho claramente que seguiría con su compromiso con Vanesa, nadie podía asegurar que los planes no cambiaran de un momento a otro.

Por si las dudas, aprovechó que Vanesa estaba descansando para salir y marcar un número desde afuera.

—¿Piensas hacerte cargo de este asunto o no?

—Al final, ella también es tu hija.

—Y otra cosa, hay una tal Daisy que siempre anda poniéndole el pie a Vane. No que ella está con ese proyecto de remodelación del puerto en el gobierno? Haz lo que puedas para ponerle trabas, no dejes que le vaya tan fácil.

...

Daisy acababa de salir de una junta cuando Miguel entró a su oficina para reportar.

—El señor Ibáñez, del Instituto Quirúrgico Valle Verde, volvió a venir.

Daisy lo miró de reojo, sin mucho interés.

Miguel se apresuró a aclarar:

—Ya lo despaché.

Daisy apartó la mirada y volvió a concentrarse en su computadora.

—¿Tú qué dices? ¿Cuánto crees que aguante esta vez?

—Ni idea —respondió Daisy sin despegar la vista de la pantalla—. No tengo tiempo para adivinar cosas tan inútiles.

A Miguel le picaba la curiosidad.

—Yo digo que, máximo, tres veces más.

Daisy seguía tecleando, sin levantar la cabeza.

—No lo creo.

La situación del Instituto Quirúrgico Valle Verde no era nada alentadora.

Todo dependía de si Luis tenía o no un poco de conciencia.

Miguel apenas había salido cinco minutos cuando regresó apurado.

—Daisy, vino el presidente Castillo de Grupo Imperial.

Daisy dejó de escribir, y su ceño se frunció levemente.

—¿Y a qué viene?

—Que quiere platicar sobre una posible colaboración —repitió Miguel el mensaje tal cual.

Daisy no pudo evitar sorprenderse con esa respuesta.

Antes, ella y Benjamín habían tenido varias oportunidades para asociarse, pero él siempre las había rechazado con elegancia.

¿Ahora venía buscándola para hablar de trabajo?

¿Con esa actitud, cómo iba a lograr algo?

En otros tiempos, Benjamín se habría dado la vuelta y se habría ido sin mirar atrás.

Su orgullo no le permitía menos.

Pero ahora, si no lograba que Daisy aceptara la colaboración, tendría que renunciar a la compra de InnovaMex.

Y eso significaba que Grupo Imperial jamás podría entrar al sector tecnológico, ni transformar la empresa.

Solo de pensarlo, el mal humor le aumentaba.

En cuanto Benjamín se fue, Daisy recibió una llamada de Ricardo.

Él le habló con sinceridad: le contó que Benjamín lo había buscado los últimos días.

Daisy no se sorprendió.

Alguien como Ricardo siempre iba a estar en la mira de todos.

Por eso ella ya tenía un plan B: estaba lista para aceptar si Ricardo elegía otro camino.

Pero por lo visto, Ricardo tenía claras sus intenciones.

Eso le dio tranquilidad a Daisy.

En ese momento, Camila la llamó para invitarla a comer. Le dijo que ya había hecho la reservación en un restaurante y que fuera directo allá.

Al llegar, Daisy se dio cuenta de que no era la única invitada.

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