¡Era por culpa de este hombre que había perdido a una excelente discípula!
Con una mente tan brillante, si se hubiera esforzado, ahora mismo podría haber alcanzado grandes logros en el mundo académico.
No tendría que andar ahora rebajándose para hacer contactos.
¡Ella misma podría ser ese contacto!
Y para colmo, el hombre que la hizo renunciar a un futuro prometedor no solo le había roto el corazón, sino que además se había comprometido con otra mujer a bombo y platillo.
¡Un desperdicio de su juventud y su talento!
Daisy se sentía culpable, y ante las quejas de Damián, no se atrevió a decir nada, mostrando una sumisión poco habitual en ella.
Y toda la escena fue presenciada por Vanesa.
Se quedó algo sorprendida.
Aquel doctor Ferrer parecía tenerle muy poca simpatía a Daisy.
Incluso cierto “desprecio”.
Claro, era normal que el doctor Ferrer no apreciara a alguien como Daisy, una persona sin recursos y con la cabeza hueca.
Así que Vanesa se acercó con confianza y saludó a los dos.
—Señor Téllez, un placer. Soy Vanesa, la directora ejecutiva del Consorcio El Faro. Encantada de conocerle.
Joel, que estaba limpiando su palo de golf, se detuvo.
—¿Consorcio El Faro?
—Sí —respondió Vanesa, rebosante de confianza.
Al fin y al cabo, el Consorcio El Faro era una empresa líder en el sector, era imposible que Joel no la conociera.
Quién iba a decir que, tras su presentación, el rostro de Joel se ensombrecería.
Se limitó a un escueto “ah” y siguió limpiando su palo con atención.
Esa frialdad dejó a Vanesa sin saber cómo continuar la conversación.
Daisy aprovechó el momento para saludar también a Joel.


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