Las burlas y los murmullos a su alrededor la hicieron sentir muy incómoda.
Conteniendo a duras penas su ira, dijo:
—¿Se puede saber por qué eres tan maleducada?
Apenas terminó de hablar, Camila se rio.
—Y tú, tan educada, ¿y andas de amante?
Los murmullos de la multitud se hicieron más fuertes.
—Esa mujer parece tan decente, ¿y resulta que es la otra?
—¡Qué asco! ¡No hay nada que desprecie más que a las amantes!
—Mejor evitemos esta empresa, no vaya a ser que nos toque trabajar con ella.
El rostro de Vanesa, hasta entonces relativamente sereno, se descompuso ante el murmullo general.
Justo cuando estaba a punto de perder la compostura, alguien intervino en su defensa.
—¿Amante? ¡Me parece que la que es amante de otro es otra persona!
Quien hablaba era Benjamín.
No esperaba encontrarse con una escena así nada más llegar a la escuela.
Al ver a Vanesa siendo objeto de críticas y en una situación tan difícil, no dudó en salir en su defensa.
En ese momento, Daisy regresaba de hacer su llamada y escuchó esa contundente afirmación.
Dirigió su mirada hacia él y se encontró con los ojos acusadores y despectivos de Benjamín.
Daisy se detuvo un instante, confundida.
¿Benjamín la estaba… llamando amante?
¡Qué descaro!
Camila también entendió la indirecta de Benjamín y abrió los ojos como platos, incrédula.
¿Cómo podía alguien ser tan idiota?
—¡A ver, habla claro! ¿Quién es la amante? —lo desafió Camila, indignada.
Vanesa frunció el ceño, con una frialdad en la mirada, pero fingiendo ser magnánima, le dijo a Benjamín:
—Olvídalo. Hay mucha gente, no es bueno para la imagen. No te rebajes a su nivel.
Cuanto más generosa e indiferente se mostraba, más sentía Benjamín que no se lo merecía.
Lanzó una mirada gélida a Camila.
—Esa pregunta deberías hacérsela a la señorita Ayala.
Ahora Daisy estaba segura de que Benjamín se refería a ella.
—¿Fue la señorita Espinosa quien le dijo eso al presidente Castillo? —preguntó Daisy con calma, sin alterarse por la acusación de Benjamín.


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