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Sobrante en Tu Vida romance Capítulo 3

Hace tres años, hubo un altercado grave con un paciente en el hospital. Mi papá, que había ido a una consulta, se interpuso accidentalmente y recibió dos puñaladas que iban dirigidas a Martín, quien acababa de empezar a trabajar allí.

La familia Jaramillo, agradecida por el acto heroico de mi padre, prometió recompensarlo generosamente. Sin embargo, nadie se esperaba que mi papá pidiera que nuestras familias se unieran en matrimonio.-

Los Jaramillo eran una de las familias más poderosas y adineradas de Puerto Alborada. Mi papá era solo el gerente de una pequeña distribuidora médica. Por eso, para ellos, la boda fue vista como un vil chantaje para aprovecharse de la situación.

Yo no estaba presente cuando todo sucedió. Cuando Martín me buscó, traía un acuerdo prenupcial en la mano. Me miró con una frialdad y una superioridad absolutas, y dijo:

—El matrimonio durará tres años. Al finalizar el plazo, se anulará automáticamente. Si estás de acuerdo, nos vemos mañana a primera hora en el Ayuntamiento.

Tenía frente a mí al hombre con el que siempre había soñado. Empujada por un impulso ciego, firmé el documento.

Lo que no noté fue que la primera cláusula del acuerdo decía de manera clara y contundente: «Jamás te hagas la ilusión de que somos esposos de verdad».

Una lágrima resbaló por mi mejilla, humedeciendo el papel mientras leía la palabra "esposos". Esbocé una sonrisa amarga.

Dime, Martín, entonces, ¿qué demonios fuimos durante estos tres años?

Pasé la noche en vela. El molesto timbre del celular me devolvió a la realidad.

En la pantalla aparecía un número fijo.

—Buenos días, señorita Salazar. Nos comunicamos del área de Recursos Humanos del Hospital Puerto Alborada. La esperamos mañana a las diez en punto para su examen escrito. Le acabo de enviar la ubicación exacta a su celular.

El departamento de Recursos Humanos del Hospital Puerto Alborada.

Entonces lo recordé. Días atrás, mi tutor de la maestría, el Profesor Linares, nos había recomendado para hacer unas pruebas en ese hospital. Se decía que en toda la facultad de medicina solo habían otorgado seis plazas para postularse. Nunca imaginé que yo sería una de las afortunadas.

El Hospital Puerto Alborada era el lugar donde Martín brillaba. Era la institución soñada por cualquier estudiante de medicina. Durante un tiempo, yo había fantaseado con que trabajaríamos juntos y llegaríamos de la mano al trabajo todos los días.

Ahora, me daba cuenta de que todo había sido una absurda fantasía mía.

Qué patético.

—Señorita Salazar, ¿podrá asistir mañana a tiempo?

La voz del otro lado de la línea me sacó de mis pensamientos. Eché un vistazo al acuerdo prenupcial sobre el escritorio y luego a la pastilla anticonceptiva. Dudé apenas un par de segundos y respondí:

—Sí, allí estaré puntual.

*Si no puedo tener el amor*, pensé, *al menos me aseguraré de tener una carrera brillante.*

Pasé todo el día preparándome para el examen, pero, justo antes de cenar, mi suegra, Yolanda, apareció en el departamento sin avisar.

Entró sosteniendo unas bolsas elegantes con vitaminas y remedios caseros para mejorar la fertilidad. Paseó su mirada por la sala y preguntó:

Capítulo 3 1

Capítulo 3 2

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