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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2210

Tania frunció el ceño, con una expresión llena de culpa.

—Perdóname, Gael, de verdad no quería asustarte.

—Cauto no me secuestró, ni me hizo daño. Todo esto fue un teatro que armamos entre Carol, el señor Bello y yo.

—La voz que escuchaste era una grabación con un distorsionador, ese tal Cauto ni siquiera está aquí.

—Hace un momento fingí estar muerta, pero solo tomé las pastillas que me dio Carol, así que parecía real, pero era pura actuación.

Gael se quedó helado, mirando a Tania sin entender nada, como si le costara procesar todo lo que acababa de escuchar.

Después de unos segundos, se agachó, tomó un poco de la sangre del suelo y la olió.

¡Claro! No era sangre humana.

Recién ahora comprendió que había caído redondito en la trampa.

Después de la tristeza llegó el alivio, y después del alivio, la rabia.

Gael la soltó de golpe, se levantó y retrocedió dos pasos, visiblemente molesto.

—¿¡Qué demonios están haciendo ustedes!? —explotó, con el ceño fruncido.

Tania se apresuró a explicarse:

—Por favor, no te pongas así. Déjame explicarte, no era nuestra intención jugar contigo, ni hacerte sufrir. Solo queríamos ayudarte a salir de ese hoyo en el que te metiste.

—Nos dimos cuenta de que tenías algo atorado, algo que no te dejaba avanzar, y queríamos echarte una mano.

—Según el plan, todavía quedaba más actuación, pero cuando te vi sufrir tanto, ya no pude seguir con la farsa y tuve que contarte la verdad.

Aspen había planeado más escenas después, pero Tania ya no soportaba ver a Gael tan destrozado y decidió terminar el show antes de tiempo.

Gael la miró con una mezcla de dolor y enojo, la mandíbula apretada y la respiración agitada.

Sabía que lo hacían por su bien, pero igual sentía una rabia enorme.

No sabía si estaba furioso porque lo engañaron o porque acababa de hacer el ridículo llorando y gritando como nunca antes.

Apretó los dientes, y sin decir ni una palabra más, se dio media vuelta y se fue.

Volvió a su actitud fría de siempre: ni gritos, ni discusiones, solo ese silencio helado que usaba para protegerse.

Tania, viendo que se marchaba, le gritó:

—¡Gael, detente! Si te vas así, te juro que esta vez sí me mato de verdad.

Gael se detuvo en seco y giró la cabeza.

Tania tenía una navaja de frutas apoyada en el cuello, con una expresión tan seria que a cualquiera le helaba la sangre.

—No estoy jugando ni actuando ahora. Si das un paso más y cruzas esa puerta, lo hago, te lo juro.

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