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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 108

—¿De verdad crees que Alejandro va a respetar al Consorcio García solo por la relación que tenemos con su abuelo? Yo no me tragaría ese cuento...

Horacio se quedó en silencio, cerró la carpeta que tenía en las manos y suspiró: —Es mejor que no hablemos de esto en casa. Si tu hermana te escucha, se va a poner muy triste...

Apenas terminó de hablar, la puerta se abrió suavemente.

—¡Papá, lo escuché todo!

—¿Cuántas veces tengo que repetirlo? Ese hombre ya no me importa. No tienen que esconderse para hablar de Alejandro Zavala; para mí, él no es más que un rival de negocios sin la menor importancia.

Lucía dio un paso al frente y dejó sobre el escritorio de Horacio un plan de negocios en el que había estado trabajando durante mucho tiempo: —Este es el plan estratégico que preparé. Revísalo, papá.

Julio se adelantó a tomarlo, soltando un sonidito de escepticismo, claramente dudando de su capacidad.

Pero al leer el documento, sus ojos se abrieron de par en par. La estructura era impecable, el contenido detallado y los pasos de ejecución resolvían de raíz los problemas actuales del Consorcio García. Miró a Horacio, atónito.

Horacio tomó el documento y, tras leerlo, su expresión cambió a una de profundo asombro y respeto.

—Lulú, ¿de verdad hiciste todo esto tú sola? ¿Tu hermano no te ayudó?

Julio levantó las manos de inmediato: —Yo no tuve absolutamente nada que ver. Es la primera vez que veo esto.

El rostro de Horacio se iluminó de puro orgullo y no dejó de elogiarla: —¡Excelente! ¡Esta es la hija de Horacio García! Este plan es profesional, riguroso y ataca exactamente donde debe. ¡A ver quién se atreve a decir ahora que mi hija es solo una cara bonita de adorno!

¿Así que andaban diciendo que era una inútil?

Lucía alzó una ceja: —¿Y quién anda de chismoso diciéndote esas cosas, papá?

—Nadie, nadie... —Horacio agitó las manos rápidamente para restarle importancia.

Al ver la reacción de su padre, Lucía entendió todo. Puerto Coral no era tan grande. El hecho de que Alejandro hubiera pisoteado el compromiso entre las dos familias para elegir a la hija de los Jiménez seguramente había desatado una ola de burlas. Su padre debía haber escuchado comentarios horribles, pero se los tragaba para protegerla.

Lucía sintió una punzada de culpa por hacer que sus padres tuvieran que soportar humillaciones por su culpa.

—Perdóname, papá. A partir de hoy, te juro que ayudaré a Julio a manejar el Consorcio García. Haré que la empresa llegue más alto que nunca.

—Claro que sí, mi niña. —Horacio estaba genuinamente feliz. Su hija no solo no se había derrumbado, sino que la adversidad la había fortalecido. Sintió que por fin había madurado y que él podía respirar tranquilo.

Julio y Lucía intercambiaron una mirada de preocupación y abandonaron el estudio.

Una vez solo, Horacio, sin otra salida, marcó el número de don Guillermo Zavala.

Esa llamada... Lucía calculó el tiempo; duró casi una hora.

Al terminar, el estudio se sumió en un silencio sepulcral durante media hora más. Horacio no salía.

Con el corazón encogido por la angustia, Lucía se acercó a la puerta del despacho. En el fondo, ya sabía cuál había sido el veredicto.

Habló con suavidad a través de la puerta: —Papá, si ya no podemos hacer negocios con el Grupo Zavala, no importa. Lo que no nos mata nos hace más fuertes, siempre encontraremos una salida.

—Julio se va a casar muy pronto. No dejes que esto arruine la felicidad de nuestra familia, y por favor, no permitas que te destruya la salud.

La puerta se abrió lentamente. Horacio salió, levantó su mano grande y áspera por el trabajo, y acarició suavemente la cabeza de Lucía. Con voz ronca y cansada, respondió: —Está bien.

Él también sabía que era momento de dejar ir esa batalla.

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