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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 437

—¿Cómo está tu hermano Julio?

Lucía miró al desconocido con sorpresa: —¿Conoces a mi hermano?

—Fuimos compañeros de clase —respondió el hombre con una sonrisa, y agregó—: Hace años, cuando ibas a la preparatoria a buscar a Alejandro y de paso veías a tu hermano, te vi un par de veces.

Lucía lo observó unos segundos. Sus recuerdos comenzaron a encajar con las facciones del hombre, y admitió que sí le resultaba familiar.

Esbozó una sonrisa un tanto incómoda.

Con el atuendo de estudiante que llevaba puesto hoy, toparse con un viejo conocido no era exactamente el mejor escenario.

—Escuché que cancelaste tu compromiso con Alejandro; la verdad es que ya me lo esperaba. Me acuerdo que Alejandro iba un año arriba que tu hermano. Hubo un evento deportivo donde los dos compitieron en la carrera de tres mil metros. Tú te la pasaste animando a Alejandro todo el tiempo... pero tu hermano también estaba corriendo. A mí me dio tanta lástima que tuve que arrastrarte hasta la pista para que también echaras porras por Julio.

Las mejillas de Lucía se tiñeron de un leve rubor y bajó la mirada. —No fui una buena hermana.

El hombre no esperaba que se entristeciera tanto, y por un momento se quedó paralizado.

La memoria de Lucía viajó a aquellos días. En efecto, recordaba a un chico que, frente a ella, le dijo que Alejandro ya tenía demasiada gente animándolo y que no la necesitaba. Después de soltar eso, la agarró sin darle opciones y se la llevó a rastras a la zona donde estaba el grupo de Julio. En ese entonces, a ella le pareció que era un metiche.

Pero claro, en esa época ella apenas estaba en la secundaria, era tan flaca y frágil como una ramita y no tuvo forma de resistirse.

¿Quién iba a pensar que después de tantos años él aún la reconocería?

Intrigada, Lucía no pudo evitar observarlo con más detenimiento. Sus facciones eran marcadas y atractivas, y su mirada profunda y atenta seguía fija en ella sin parpadear.

Lucía apartó la vista.

Tras un breve silencio, el hombre, con su actitud extrovertida, preguntó: —¿Hacia dónde vas?

Lucía giró la cabeza para mirar las nubes por la ventana y soltó tres palabras con total desinterés: —A Río Verde.

El hombre se quedó en silencio un segundo.

El vuelo entero se dirigía a Río Verde.

El hecho de que ella respondiera de forma tan cortante dejaba claro que no tenía ganas de conversar.

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