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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 485

En ese momento, la única esperanza de Lucía residía en Verónica y aquella estudiante universitaria desconocida.

Ojalá lograran robarle el corazón a Alejandro de una vez por todas.

Ojalá Alejandro se casara lo más pronto posible.

...

Para el almuerzo, Lucía preparó unas empanadillas ligeras.

Como ensució poco, no encendió el lavavajillas y lavó ella misma un par de platos y una olla.

Justo cuando terminaba de secar la encimera con papel de cocina, un escalofrío helado le recorrió la espalda.

Alguien había entrado.

—Qué juiciosa eres, amorcito. Eres perfecta para llevarte a casa como esposa —dijo Alejandro Zavala, recostado despreocupadamente en el marco de la puerta.

Un terror indescriptible invadió a Lucía; no tenía idea de por dónde había entrado.

Estaba completamente sola en casa y, de repente, ese hombre aparecía de la nada. Si no fuera por su sentido común, habría entrado en pánico total.

—Tienes una familia inmensa, ¿no es una falta de respeto dejarlos solos hoy? —preguntó Lucía, sintiendo una profunda impotencia.

—Mis padres y mi abuelo están ahí, no pasa nada. Tenía miedo de que estuvieras muy sola en pleno Año Nuevo.

—¡No estoy sola! —Lucía tiró el papel a la basura—. Disfruto mucho mi soledad. Vete, por favor.

—Entonces te haré disfrutar aún más.

—¿Acaso la apuñalada en la mano no te dolió lo suficiente? Puedo darte otra —espetó Lucía, pálida de ira, y, arrastrando las pantuflas, hizo el amago de ir por un cuchillo.

—Te he dicho que no juegues con armas —Alejandro estiró el brazo y la atrapó en un abrazo. Lucía, que aún llevaba puesto un delantal blanco, se echó hacia atrás instintivamente, empujándolo con todas sus fuerzas.

Ella tampoco quería empezar el año con un cuchillo en la mano, pero no esperaba que él viniera a arruinarle la paz el primero de enero.

Alejandro le quitó el delantal.

—Todo te queda hermoso, Cia. Incluso con un delantal haces que yo...

No terminó la frase.

De pronto, se escucharon ladridos. Un pequeño bichón frisé le estaba mostrando los dientes al intruso.

—¿Tienes un perro?

Cuando Lucía renació, habían llevado a Nieve al cuarto del personal. Siempre había estado tranquila en el patio trasero, pero como Doña Rosa y los demás habían ido a visitar a sus familias por las fiestas, tuvieron que traerla a la casa principal.

Alejandro soltó a Lucía.

—¿De dónde salió ese perro?

—Lo eligió tu exnovia.

Alejandro apretó los labios, se dio la vuelta y se sentó en el sofá.

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