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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 484

El resto de la conversación fue liderada por el teniente general, girando en torno a viejas anécdotas militares.

Lucía sintió que la reunión se había convertido en el escenario personal de Alejandro Zavala. Con solo un par de comentarios atinados, hasta la mirada del General Valenzuela se llenó de reconocimiento hacia él.

Al terminar la comida, el General se despidió de Lucía y los altos mandos subieron a sus respectivos vehículos.

Mientras los autos se alejaban, Alejandro se acercó a paso lento y se detuvo junto a ella.

—¿De verdad era necesario hacer eso?

—Totalmente —respondió Lucía con frialdad.

Alejandro ladeó la cabeza, y su sonrisa desapareció por completo.

—¿No crees que me tratas con demasiada hostilidad? Delante del General Valenzuela, fuiste capaz de...

—Comparado con lo que tú le hiciste a mi familia en el pasado, esto no es nada.

—¿Qué se supone que hice en el pasado? —Alejandro entrecerró los ojos—. ¿Tengo que recordarte que el Consorcio García sigue en pie?

—No es que no quisieras hundirlo, Alejandro.

Lucía soltó una risa amarga.

—No pudiste hundirlo porque me gané el apoyo del General Valenzuela. Por supuesto que iba a aclarar que no tenemos nada que ver, para evitar que tu linda cara lo engañara también.

Tras decir eso, Lucía se subió al auto oficial que el General había ordenado para llevarla.

Alejandro se quedó viendo cómo el coche se alejaba a toda velocidad.

...

Al llegar a casa, Lucía fue directa:

—Doña Juana, está despedida.

La mujer la miró atónita.

—Srta. Lucía, ¿hice algo mal? ¡Puedo mejorar, pero por favor no me despida!

Saber que cada uno de sus movimientos estaba bajo la vigilancia de Alejandro le producía a Lucía un escalofrío aterrador.

Clavó la mirada en la empleada.

—Fue usted, ¿verdad?

—Cuando salí, ¿me siguió para avisarle?

Noel ya no era su sombra.

—Vaya, vaya. Saberse la preferida le está dando demasiada confianza. Se está volviendo muy estricta.

...

Al día siguiente, Lucía volvió a viajar al extranjero.

Esta vez estuvo tan ocupada que no regresó hasta la víspera de Fin de Año.

Pasó las fiestas en casa y ni siquiera fue a dar el abrazo de Año Nuevo a Don Guillermo Zavala. Antes iba sin falta cada año, pero esta vez no lo hizo.

Isabel Luna se fue a su ciudad natal.

Leo, Doña Rosa y hasta Doña Juana también regresaron a sus respectivos hogares para las fiestas.

Lucía se quedó completamente sola en casa, comiendo fresas y viendo la repetición del especial de Año Nuevo.

Como ya había visitado a Don Guillermo hace unas semanas, no tenía ganas de ir, y su madre decidió no insistirle.

—Esa tal Verónica Valdés fue a la mansión de los Zavala —le comentó Julio por teléfono.

—Que vaya —respondió Lucía sin interés—. La señorita Verónica se está demorando mucho. Ya tengo ganas de brindar en su boda.

—Sigue provocando tu suerte —le dijo Julio, notando lo poco que le importaba, y colgó.

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