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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 552

Jimena lucía un maquillaje impecable.

—Señora García, me encantaría preguntarle a su hija dónde dejó su dignidad. Anoche fue corriendo a meterse en la Finca de La Luz, rogándole a Alejandro Zavala, empeñada en meterse entre él y yo. Nos vamos a casar muy pronto, y que su hija se comporte como una cualquiera realmente me deja sin palabras.

Al escuchar eso, Elena recordó de inmediato cómo Lucía había llegado a altas horas de la noche. ¡Así que había ido a buscarlo a su residencia! Una oleada de humillación e ira le subió a la cabeza, su rostro palideció y se tensó por la vergüenza y el enojo.

Lucía, sin embargo, mantuvo la cabeza en alto, sin inmutarse:

—Sigo siendo mucho mejor que tú, Jimena. La Finca de La Luz está aquí a la vuelta. Eso no se compara con el espectáculo conmovedor que armaste viajando mares y tierras hasta Medio Oriente para hacerte la mártir.

Esa respuesta dejó pasmadas a las mujeres de la familia Jiménez.

Pensándolo bien, la forma en que ambas se habían lanzado a los brazos de Alejandro no era tan diferente en el fondo.

—¡Maldita víbora! —Los ojos de Jimena ardieron de humillación. Levantó la mano y lanzó una bofetada directa al rostro de Lucía, con un movimiento rápido y despiadado.

Antes de que Lucía pudiera esquivarlo, Noel levantó el brazo y bloqueó el golpe de Jimena con una firmeza absoluta. Fue un movimiento medido, pero imposible de evadir, separándolas por completo:

—Srta. Jiménez, le sugiero que se controle.

El rostro de Jimena se desfiguró por la rabia.

—¡Soy yo quien se va a casar con Alejandro Zavala! ¡Soy yo! ¿Por qué no lo llamas para preguntarle a quién debes obedecer?

Noel frunció el ceño. En ese preciso instante, Jimena sacó su celular, llamó a Alejandro y le contó que la guardaespaldas se estaba interponiendo.

—Regresa. Ya no tienes que protegerla.

Era la voz de Alejandro Zavala.

La expresión de Lucía se congeló lentamente. Atrapó de inmediato la muñeca de Noel.

—Alejandro... ¿por qué?

A Jimena le hervía la sangre al escuchar que Lucía lo llamara por su nombre.

Pero guardó silencio, conteniendo la respiración para escuchar la respuesta.

Al otro lado de la línea hubo unos segundos de silencio, y luego Alejandro colgó.

Una sonrisa de triunfo asomó en los labios de Jimena.

Lucía sintió que la sangre se le helaba en las venas.

—No... Noel, no te vayas...

Noel retiró el brazo con el que bloqueaba a Jimena, dio un paso hacia atrás, bajó la guardia por completo y, con la cabeza agachada, le murmuró a Lucía:

—Srta. Lucía, el jefe Zavala ordenó que ya no es necesario protegerla.

Lucía se quedó de piedra.

—Pero... nosotras firmamos un contrato.

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