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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 576

Esos dos hombres inmensos y fornidos no sabían qué hacer. Uno de ellos se alejó para hacer una llamada, mientras el otro intentaba ayudarla a levantarse, pero como Lucía seguía abrazada a sus rodillas, no encontraba la forma de sostenerla.

Sus hombros temblaban ligeramente, dejando escapar sollozos ahogados y entrecortados. Pasó un largo rato hasta que levantó la mano, se limpió bruscamente las lágrimas del rostro con el dorso y se puso de pie, tratando de controlar sus emociones. —Ustedes son los guardaespaldas de Alejandro Zavala, ¿no? Vuelvan por donde vinieron. No los quiero cerca de mi casa, o llamaré a la policía.

Los dos guardaespaldas se quedaron atónitos. Llevaban apenas tres días en ese trabajo y creían estar siendo discretos; jamás imaginaron ser descubiertos tan rápido. Uno de ellos, incapaz de contener la curiosidad, preguntó: —¿Cómo nos reconoció?

Antes de que pudiera responder, un Bugatti de diseño impecable se detuvo junto al camino arbolado.

Alejandro bajó del auto y caminó hacia ellos con paso firme. Con un gesto de la mano les ordenó a los guardaespaldas que se retiraran. Clavó la mirada en el rostro enrojecido de Lucía y, con un tono inescrutable, afirmó: —Entonces de verdad tienes recuerdos de tu vida pasada.

—Reconociste a estos dos a la primera.

—A Noel también la descubriste de inmediato en su momento, ¿verdad? Conoces a todos mis subordinados... incluso parece que los conocieras desde mucho antes que yo. Así que me surge una duda: ¿no te habrás interesado en mis empleados para robarme a los mejores y llevártelos al Consorcio García?

Las lágrimas se habían secado sobre las pálidas mejillas de Lucía. Ella se quedó completamente inmóvil.

Alejandro, convencido de que había acertado, soltó una risa amarga. —¿Es en serio?

—A ver, déjame adivinar... Cualquier cosa que le haga falta al Consorcio García, tú seguro vas a escoger... —apenas comenzaba a hablar.

—¡Ahhhh! —Lucía gritó, negándose a escuchar una palabra más.

Estaba harta, terriblemente harta.

Se revolvió el cabello con desesperación: —¡Lárgate! ¡Déjame en paz!

—¡Ya no te soporto más! Si nuestros roles estuvieran invertidos y yo te acosara de esta manera, mi familia ya habría quebrado cincuenta veces.

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