Al ver que era Alejandro, Lucía caminó hacia la salida apretando su teléfono, y le dijo con tono indiferente: —Todavía no puedo ir a casa, tengo que ir al Consorcio García. Vete tú primero...
Apenas terminó de hablar, Alejandro la agarró suavemente por la muñeca. Aunque no estaba aplicando mucha fuerza, Lucía intentó zafarse varias veces sin éxito. —¡¿Qué haces?!
Alejandro levantó ambas manos y le sostuvo las mejillas, como si estuviera tranquilizando a un gato erizado, persuadiéndola en voz baja: —Considerando que hoy has tenido un día lleno de dolores de cabeza, no te desgastes corriendo por ahí, vamos a casa temprano.
Hizo una pausa y añadió fríamente: —Y cuando hables por teléfono con otros hombres, no te rías con esa sonrisa boba.
Al escuchar esto, Lucía le pisó el zapato sin mucha fuerza. —¿Tienes idea de lo mucho que te molestaba en mi vida pasada cuando te controlaba?
Alejandro se quedó perplejo.
Lucía dio medio paso hacia atrás para marcar distancia: —Cada vez que te hacía un par de preguntas de más o iba a buscarte, solo sentías que te asfixiaba, que te quitaba la libertad. Ahora, no tienes por qué seguirme.
Dicho esto, dejó de mirar la expresión de Alejandro, salió por la puerta, caminó directamente hacia el automóvil y se subió al asiento trasero. La puerta se cerró de golpe, dejando a Alejandro solo afuera.
Noel bajó la ventanilla para despedirse del señor Zavala antes de pisar el acelerador y marcharse.
Desde el espejo retrovisor, vio cómo la figura de su jefe se iba haciendo más pequeña. Una vez que dieron la vuelta y lo perdieron de vista, Noel preguntó: —Señora, ¿a dónde vamos ahora?
—Al Consorcio García.
Parecía que Samuel también le tenía aprecio al Consorcio García, ya que, tras su persuasión, accedió a renovar su contrato. Tenía que ir a supervisar la firma personalmente.
Tras un momento de silencio, Lucía preguntó de pronto por la secretaria de la oficina de hace rato: —¿Cómo se llama la secretaria que le limpió la herida?
—Ivana Solís.
—¿Tiene muchas secretarias?
—Tiene más asistentes masculinos; secretarias, a lo mucho, tiene dos o tres.

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