—¿Qué haces aquí? —preguntó Lucía, mirando a Javier Jiménez con una expresión bastante compleja.
Aunque estaba agradecida de que él la hubiera dejado ir, sabía que el verdadero motivo de su visita la pondría en una situación muy difícil...
Javier bajó un poco la visera de su gorra y levantó la mirada hacia ella.
—Busquemos un lugar para hablar.
Lucía no quería moverse, pero los turistas no dejaban de pasar a sus espaldas y ella estaba bloqueando el paso, así que no tuvo más remedio que caminar hacia un rincón apartado.
Fue Javier quien rompió el hielo:
—No sé cómo la relación entre tú y mi hermana llegó a deteriorarse a este nivel, pero las cosas que ella hizo en el pasado... solo fueron para proteger a su familia.
En sus ojos había una profunda impotencia.
—Jimena está en la cárcel. El ambiente es horrible, su estado actual es deplorable y mentalmente está perdiendo la noción de la realidad. Ya aprendió su lección. Espero que puedas convencer a ese hombre de que la deje libre.
Lucía se dio la vuelta, dispuesta a irse.
—Mientras tú estés bien, es suficiente. De lo demás, no pienso hacerme cargo.
Javier la agarró del brazo con evidente desesperación, pero en cuanto Lucía le clavó una mirada fulminante, la soltó rápido, como si el contacto quemara.
—¡Entonces para qué me sacaste! Estando yo solo aquí afuera, ¿crees que puedo vivir con la conciencia tranquila y ser feliz?
—Te dejé salir porque sabía que eres el único de esa familia que no me haría daño —respondió Lucía con frialdad—. Pero si quieres volver a entrar, es tu decisión.
En su corazón, la familia Jiménez era una bomba de tiempo a punto de estallar. No se atrevería jamás a volver a relacionarse con ellos.
—Ellos ya aprendieron la lección, no hay necesidad de... —Javier intentó seguir discutiendo, pero por el rabillo del ojo vio acercarse a paso rápido a dos guardaespaldas vestidos de negro. Alejandro Zavala venía justo detrás de ellos.
El corazón de Javier dio un vuelco. Se ajustó rápidamente la gorra sobre la cabeza, sin atreverse a quedarse un segundo más. Dio media vuelta y salió corriendo, perdiéndose en un abrir y cerrar de ojos entre la multitud de turistas.
Al ver a los guardaespaldas, Bruno y Vicente, acercarse a toda prisa, Lucía se adelantó de inmediato, bloqueándoles el paso con disimulo para encubrir la huida de Javier.

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