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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 190

—¿Hola? ¿Quién habla?

—Hanna, soy yo —resonó la risa fingida y empalagosa de Rocío. A Hanna le dio asco escucharla.

—Esta noche es mi fiesta de compromiso, espero que asistas.

Hanna la rechazó de inmediato.

—No tengo tiempo.

—Hanna, voy a casarme con Luciano, ¿acaso te mueres de envidia? Tú le serviste ocho años como una esclava y te quedaste sin nada, mientras que yo, sin mover un dedo, me quedo con toda su fortuna y disfruto de la victoria. ¿No te duele en el alma?

Hanna no tenía intención de seguir escuchándola. Estaba a punto de colgar, cuando la otra pareció adivinarlo y se apresuró a decir:

—¡No cuelgues todavía! Te lo digo por tu propio bien. Si cortas esta llamada, te aseguro que las cenizas de tu abuela terminarán en el fondo de un inodoro.

—¿Me estás amenazando?

—¿Qué esperabas? Fue mi prometido quien pagó por el entierro, así que nosotros decidimos qué hacer con esas cenizas. Esa anciana muerta no me sirve de nada, pero no puedo tener un compromiso sin tus bendiciones. Ven, da la cara para que vea lo feliz que estás por nosotros, y te devolveré esa urna.

—De acuerdo —respondió Hanna, frunciendo el ceño—. Mándame la dirección, iré.

—¡Perfecto! A las siete de la noche en el Palacio del Sol. Te estaré esperando.

Hanna colgó el teléfono.

Sabía perfectamente que Rocío no tenía buenas intenciones, y sospechaba que esta emboscada no era solo para restregarle su triunfo en la cara.

Pero, al fin y al cabo, era un evento público. Iría, reclamaría las cenizas y se iría de inmediato.

Si Rocío intentaba hacerle daño, no se quedaría de brazos cruzados.

A las siete de la noche.

Hanna llegó puntual al Palacio del Sol.

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