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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 202

Rocío Luján, violentada por tantos hombres.

Tatiana sentía que el corazón se le iba a salir por la boca.

¿Qué había pasado? ¡No era así como lo había imaginado!

La que debía sufrir todo esto era esa perra de Hanna.

Llena de pánico, Tatiana rápidamente le transfirió dinero a los guardias de seguridad y al Oficial Lira, con quien tenía arreglos, para que se largaran de inmediato con la excusa de comprar unos tragos y cigarros.

Solo entonces desapareció el alboroto del pasillo.

La puerta se abrió y los hombres salieron en fila. En sus rostros no había placer, sino fastidio.

Como si hubieran hecho un trabajo pesado y sin recompensa.

Sin embargo, temiendo que la policía regresara, se esfumaron sin dejar rastro.

En la habitación solo quedó Rocío, llorando desconsoladamente. Su deseo inducido por la droga se había disipado; estaba empapada en un sudor frío, sin fiebre.

Tatiana se coló rápidamente en la habitación para ver cómo estaba. Apenas se acercó a ella...

Rocío le propinó una bofetada brutal en el rostro. Tatiana soltó un grito y cayó al pie de la cama. En su mejilla aparecieron al instante las marcas rojas de los dedos, dándole un aspecto espantoso.

Pero Tatiana se levantó de inmediato y se acercó a Rocío con actitud sumisa.

Necesitaba a Rocío para ascender socialmente; no podía darse el lujo de ofenderla. Ahora, Rocío era la verdadera y futura señora Larios, la única que podía controlar a Luciano, y la princesa de la familia Quintana, a punto de heredar acciones corporativas y un fideicomiso multimillonario. Tatiana no iba a soltar un respaldo tan poderoso.

Así que, por más que Rocío la abofeteara o la golpeara hasta hacerla gritar de dolor, Tatiana tenía que aguantar y ofrecerle la otra mejilla.

—Rocío... no fue mi intención. Creí que era esa perra de Hanna. ¿Por qué no avisaste que eras tú? Dios santo, qué tragedia.

Rocío estaba furiosa y empezó a maldecir a Hanna a gritos:

—¡Esa maldita perra de Hanna es una desgraciada! Fingió estar drogada y, cuando me descuidé, me estranguló hasta desmayarme. Me ató aquí y no pude usar mi celular para pedir ayuda. ¡Quiero matarla! ¡Ojalá se muera de la peor manera, que se pudra en el infierno!

Las groserías de Rocío eran cada vez más vulgares, sorprendiendo incluso a Tatiana. Era inaudito que una heredera de su nivel usara un lenguaje tan soez.

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