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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 203

—Mucho mejor —respondió Hanna, intentando incorporarse. La doctora la ayudó de inmediato, le tomó la presión arterial, el pulso y la temperatura, confirmando que todo estaba en orden.

—Disculpe, ¿por qué estoy aquí? —preguntó Hanna, sin recordar nada de la noche anterior.

—Anoche usted inhaló una droga por accidente, señora —explicó la doctora—. El señor Quintana trajo a un equipo de especialistas que le administraron un antídoto. Después, usted se quedó descansando tranquilamente en su habitación. No pasó a mayores.

Luego añadió:

—Como ya está recuperada, iré a informarle al señor Quintana.

Hanna se sorprendió.

Así que Damián realmente había regresado y no se había ido.

Una vez que la doctora salió de la habitación, Hanna intentó reconstruir los eventos de la noche anterior.

La verdad era que nunca imaginó que caería en la trampa con solo quedarse un rato en el rango de alcance de la supuesta vela aromática de Rocío.

Al parecer, Rocío tenía un canal exclusivo para conseguir sustancias ilegales: para inhalar, beber, aplicar en la piel... de todo. Era verdaderamente malvada.

Cuando Hanna se dio cuenta de que algo andaba mal, su intención original era irse rápido, tomar agua fresca y darse un baño para bajar su temperatura corporal. Pero en el camino se topó con Julián Serna.

Ahora que lo pensaba, la presencia de Julián allí y cómo actuó resultaba un poco extraña.

Después de eso, todo se volvió borroso. Como si estuviera soñando. Había soñado con Damián.

Pero ahora, pensándolo bien, tal vez no fue un sueño.

Hanna creía que Damián seguía en el extranjero.

Nunca imaginó que él hubiera regresado anoche y la hubiera rescatado.

Y lo peor... que ella hubiera tenido tanta intimidad con él.

Hanna no podía distinguir qué parte era real y qué parte era producto de su imaginación, porque las escenas en su mente eran demasiado intensas.

Ese sueño suyo había sido casi erótico. Damián, quien siempre vestía impecable, abotonado hasta el cuello, con esa actitud fría e inalcanzable.

En su sueño, él se había quitado la ropa, dejando al descubierto una piel radiante, unas clavículas marcadas y un pecho y abdomen firmes y musculosos.

Sin embargo, al escuchar el informe tan clínico de la doctora, supuso que todo había sido producto de su imaginación.

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