Durante estos últimos días, Damián no solo se había dedicado a cuidarla.
También le había pedido a Santiago que le enseñara administración de empresas, para que aprendiera a gestionar su propia fortuna.
Hanna sentía una sed insaciable por ese tipo de conocimiento. Anteriormente, al enfocarse solo en el aspecto técnico, le costaba manejar la relación con su equipo.
Esto provocaba que sus subordinados no solo le faltaran al respeto, sino que creyeran ciegamente que eran mucho más capaces que ella.
Hanna solía echarse todo el peso sobre los hombros, apresurándose a hacer todo el trabajo.
Y los demás se llevaban el mérito sin el menor esfuerzo.
Peor aún, llegaban a convencerse de que esos logros eran el resultado de sus propias habilidades.
Por eso, en cuanto Hanna se fue de Sistemas Fotónicos, creyeron que podrían arreglárselas solos.
El resultado fue catastrófico: ni siquiera dominaban lo básico, y los proyectos se fueron derrumbando uno tras otro.
Hanna estaba aprendiendo muchísimo.
Santiago Santander también estaba muy satisfecho, pues ella demostraba tener un talento innato.
Llevaba en la sangre el gen empresarial que había heredado de Rosa Mendoza.
Al ver entrar a Santiago, Hanna se puso de pie de inmediato con actitud respetuosa.
—Profesor Santander, ¿qué vamos a aprender hoy?
Santiago sonrió.
—Hoy nos tomaremos el día libre. El señor Quintana ya terminó sus asuntos y ha vuelto.
Al ver a Damián, los ojos de Hanna se iluminaron ante su imponente figura y su apuesto rostro.
Él la estaba esperando. Apoyado contra la pared, vestido de negro, sostenía en la mano el té que a ella tanto le gustaba.
Su figura alta y estilizada permanecía allí en completo silencio.
Se veía un poco solitario, incluso despertaba cierta ternura.
Pero Hanna no tenía idea de que él llevaba un buen rato observándola desde la puerta.
En realidad, no era la primera vez. Lo había hecho en innumerables ocasiones.
En el pasado, cuando ella trataba de complacer a Luciano Larios y le daba un sinfín de regalos.
Damián la observaba exactamente igual, desde las sombras, donde ella no podía verlo.
Hanna nunca se había dado cuenta.
Pero ahora, finalmente lo notó.

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