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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1003

CURVAS DE INFARTO. CAPÍTULO 52. Una culpa insoportable

La noticia le llegó al día siguiente, como una bofetada. Chloe estaba sentada en el sofá del departamento de Elías, viéndolo dormir, cuando su teléfono vibró con insistencia y contestó sin ver quién era.

—¿Sí?

—Señorita Sutton —dijo una voz seria, masculina—. Soy Richard Carrington, uno de los abogados que representa a la familia Keller. Necesito verla cuanto antes.

Chloe sintió que el estómago se le encogía. No preguntó por qué quería verla, porque en el fondo lo sabía.

—¿Dónde lo veo?

—En las oficinas corporativas del Asterion Bank, por favor, aquí tengo mi despacho.

Veinte minutos después, estaba sentada frente a él en un salón de reuniones con paredes demasiado blancas. Richard tenía un porte impecable, traje oscuro, voz neutra, rostro impenetrable, pero la saludó con la amabilidad y la deferencia de quien se reencuentra con una vieja amiga.

—Por desgracia casi nunca soy portador de buenas noticias, pero quiero pensar que las que voy a darte hoy al menos son satisfactorias —le dijo—. Mircella y Claire Sutton están retenidas por las autoridades. Han sido acusadas de agresión agravada y tentativa de homicidio —explicó sin rodeos.

Chloe tragó saliva y apretó las manos en su regazo.

—¿Van a ir a prisión?

—Aún no. Su abogado está presionando para que se les conceda la libertad bajo fianza. Es probable que lo consigan en menos de una semana, pero mientras tanto... —Abrió un portafolio de cuero y sacó unos papeles—, vamos a solicitar órdenes de restricción. Para su seguridad y la del señor Keller.

Ella asintió sin saber qué decir. Su cabeza giraba en círculos sin sentido y firmó cada papel que el abogado le entregaba.

Sabía que la justicia era de paso lento en todos lados, pero no podía creer que dejaran a Claire libre después de lo que había intentado hacer. ¿De verdad alguien creía que una orden de restricción serviría para algo cuando se trataba de alguien tan desequilibrado como ella?

Chloe sentía que no, sabía que no, pero también sabía que por desgracia tenía las manos atadas.

Regresar al departamento de Elías se le hizo de repente demasiado difícil, y su corazón dio un vuelco cuando vio que toda la familia estaba allí, amontonados por el salón del departamento o preparando cosas en la cocina.

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