ADICTO A TI. CAPÍTULO 19. Una esposa con secretos
Cuando Logan Keller salió de la oficina en dirección al ascensor, se encontró de frente con seis gerentes cargados de carpetas, tabletas y documentos, todos preparados para una reunión que llevaban días organizando.
Los hombres se detuvieron inmediatamente y lo miraron preocupados.
—Señor Keller, teníamos cita para una junta hoy, ¿verdad? ¿Estamos llegando tarde?
Logan miró la cantidad de documentos que llevaban, y sintió en su mano la nota adhesiva en la que llevaba escrita la dirección.
La reunión era importante, pero iba a tardar horas, cinco o seis como mínimo.
—Tengo que salir —sentenció y los seis gerentes parpadearon al mismo tiempo.
—¿Perdón?
—No voy a asistir a la reunión. Háganla ustedes y luego me entregan un resumen.
El silencio que siguió fue tan profundo que resultó casi cómico, porque lo rompió la campana del ascensor llegando.
Finalmente uno de ellos reunió el valor suficiente para hablar.
—Pero… señor, la reunión es con usted.
—Y yo les pago para pensar —replicó Logan mientras presionaba el botón de detener el ascensor—. Tengan la junta ustedes solos, saquen conclusiones inteligentes acordes al salario que les pago y después me entregan un informe.
Los gerentes parecían traumatizados.
—¿Pero...?
—Tengo que salir. ¡Esto no es una puñetera guardería, hagan su trabajo!
—¿Y si luego no le gusta?
—¡Resuelvan! —les gritó Logan mientras las puertas del ascensor se cerraban.
Y en cuanto lo hicieron aquellos pobre gerentes se volvieron los unos hacia los otros.
—¿Crees que deberíamos avisar a su familia que está enfermo?
—Yo lo veo bien…
—Claro que no… faltó a una junta.
—Tiene razón, eso no es normal…
Pero Logan no se daba ni por enterado de aquella preocupación conjunta. Solo se subió a su auto y media hora después estaba estacionando frente a un lugar donde jamás habría esperado ver a Vanessa: el hipódromo.
Logan observó las instalaciones a través del parabrisas mientras fruncía el ceño.
—¿Qué demonios hace Vanessa aquí?
Pero la curiosidad volvió a ganar. Salió del automóvil y caminó hacia la entrada principal, donde descubrió inmediatamente un nuevo problema: ¡De verdad no estaba invitado!
—Lo sentimos, señor, pero necesita una acreditación.
Logan parpadeó, porque aquello tampoco le ocurría normalmente.
—¿Disculpe?
—Solo personal autorizado y asistentes registrados —repitió el hombre de la entrada—. Lo lamento, pero este es un evento muy exclusivo, no puede entrar sin invitación.
Logan respiró hondo, porque los empleados del acceso parecían completamente ajenos a quién tenían delante, pero tampoco era tan arrogante como para hacer un espectáculo así que simplemente sacó su teléfono.
—Entiendo, denme un minuto.
Y no fue uno, sino tres, pero tres minutos justos después apareció un hombre de unos sesenta años caminando prácticamente a la carrera.
—¡Señor Keller! —exclamó y los empleados palidecieron, porque el recién llegado no era otro que Saur Silvergist, el propietario del hipódromo, y ese hombre sí que sabía fulminar con la mirada—. ¡Diablos, ¿cómo pueden ser tan descuidados? ¡Este es el señor Keller! ¿Qué parte de "la familia Keller puede entrar cuando quieran" no entendieron?
Los guardias comenzaron a disculparse inmediatamente pero Logan ni siquiera estaba molesto.
—No es para tanto. Solo hacían su trabajo —sentenció y el señor Silvergist le estrechó la mano con entusiasmo.
—Señor Keller, lamento la confusión, es solo que nadie esperaba verlo aquí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....