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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1045

ADICTO A TI. CAPÍTULO 27. Otro regalo de oficina

Logan jamás se había demorado tanto en salir de su casa. Jamás había dudado tanto qué corbata usar y jamás había dado tantas vueltas alrededor de una mujer a ver si de casualidad se le escapaba un beso y le tocaba a él.

Así que Vanessa terminó empujándolo hacia la puerta.

—Prométeme algo —le pidió él antes de salir.

—Eso nunca termina bien.

—Prométeme que no vas a llevarme comida hoy, y que no vas a organizar tu día suponiendo que no voy a regresar para cenar.

Vanessa arqueó una ceja medio sorprendida y medio curiosa.

—¿Y por qué habría de hacerlo?

—Porque suelo llegar tarde… o… ya sabes… no llegar.

Ella lo observó durante unos segundos y le ajustó por última vez el nudo de la corbata.

—No sé por qué, pero tengo la impresión de que hoy sí llegarás —le dijo y Logan sonrió.

—Gracias por la confianza.

Le dio un beso suave, pero cuando la puerta se cerró detrás de él, Vanessa negó con la cabeza con un gesto lleno de picardía.

—No es confianza, cariño. Es estrategia.

Y lo era, incluso inconscientemente, porque Logan juraba que jamás en su vida había estado más concentrado en cualquier cosa que no fuera el trabajo. ¡Y eso que tenía tres presentaciones agendadas para el día! Dos reuniones con socios y una junta de… ¡algo!

Pero apenas entró, sus ojos se posaron sobre el sobre blanco y elegante descansando en el centro de su escritorio, y una corriente más cálida recorrió su vientre.

Se acercó lentamente, sus dedos rozando el papel satinado y lo abrió despacio. Dentro encontró una pequeña tarjeta con un código QR impreso en negro perfecto, junto a una contraseña complicada.

Debajo, en tinta roja y caligrafía cuidada, había una frase que hizo que su garganta se secara: "Estoy lista cuando tú estés listo".

Miró hacia el edificio de enfrente y enfocó aquel telescopio hacia sus ventanas. La encontró de inmediato, caminando de un lado a otro en su sala de estar, sosteniendo un libro grueso con t***s de cuero. Su cabello estaba suelto y desordenado, y llevaba una blusa de seda blanca que le rozaba los muslos. Parecía absorta en su lectura, completamente ajena a que él la observaba.

—¿Qué se te ocurrió ahora…? —murmuró mientras sacaba su teléfono del bolsillo del saco.

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