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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1046

ADICTO A TI. CAPÍTULO 28. Una culpa que no se va

Logan pasó el resto del día intentando concentrarse en el trabajo, pero conseguirlo era una historia completamente diferente. Cada vez que abría un informe terminaba pensando en Vanessa; si le llegaba un mensaje recordaba que tenía un botoncito de placer en su teléfono, y si intentaba concentrarse en una reunión, acababa preguntándose qué estaría haciendo ella en ese momento, algo que resultaba profundamente desesperante porque él nunca había sido un hombre distraído.

Sin embargo, durante aquella jornada descubrió que era perfectamente capaz de pasarse diez minutos mirando una misma página sin recordar una sola palabra de lo que acababa de leer.

—Señor Keller.

Logan levantó la vista.

—¿Qué?

Los tres directores que estaban reunidos con él intercambiaron miradas antes de que uno de ellos carraspeara.

—Le pregunté si aprobaba la propuesta.

—Sí.

—¿Cuál de las dos?

Logan cerró los ojos durante un instante porque aquello era humillante.

—Repítalo.

Los hombres obedecieron y él se obligó a prestar atención. El esfuerzo funcionó durante aproximadamente veinte minutos, pero después volvió a pensar en Vanessa y, sobre todo, en la cena, porque le había prometido que llegaría y, por primera vez en mucho tiempo, realmente había querido cumplir aquella promesa.

Sin embargo, cuando finalmente levantó la vista del último informe, sintió un desagradable escalofrío recorrerle la espalda, así que miró el reloj, volvió a mirarlo y después maldijo entre dientes al descubrir que la hora de la cena había pasado hacía muchísimo tiempo.

—¡Mierd@!

Los gerentes levantaron la cabeza inmediatamente mientras Logan se ponía de pie.

—¡Terminamos por hoy!

—¿Perdón? —preguntó uno de ellos, que parecía tan confundido que resultaba casi ofensivo—. Pero todavía queda mucho trabajo pendiente.

—Sí, y ese trabajo mañana seguirá ahí.

—Señor Keller… algunos de nosotros vinimos desde muy lejos para esta reunión.

Logan tomó el saco del respaldo de la silla y comenzó a ponérselo.

—Entonces vayan a cenar, descansen en sus hoteles, salgan a beber... ¡No sé, lo que quieran! La empresa cubrirá todos los gastos. ¡Que tengan buenas noches!

Los hombres intercambiaron miradas y Logan comprendió exactamente qué estaban pensando: que se había vuelto loco; y quizá tenían razón.

Salió de la oficina prácticamente corriendo, pero cuando llegó al departamento descubrió que ya era demasiado tarde, porque Vanessa estaba dormida. La encontró acurrucada en el sofá, cubierta con una manta y abrazando uno de los cojines como si hubiera intentado esperar despierta y finalmente hubiera perdido la batalla contra el sueño.

Y esa imagen que le produjo una desagradable punzada en el pecho, una que se convirtió en culpa pura cuando encontró su nota sobre la encimera.

"Hola cielo. Tu comida está en el microondas. Solo tienes que calentarla."

Logan cerró los ojos porque aquello era peor que cualquier reproche. Mucho peor. No había enfado, ni reclamos, ni decepción visible; simplemente había una nota, como si ella hubiera asumido desde el principio que no iba a llegar. Y quizá así había sido.

—Le pedí que no hiciera planes… —se culpó—. Y tampoco llegué a cenar con ella.

Y eso hizo que ni una cucharada le pasara por la garganta. Solo se dio una ducha rápida y terminó levantándola para llevársela a la cama mientras trataba de no despertarla. Vanessa apenas se movió cuando él la abrazó; simplemente se acomodó inconscientemente contra su cuerpo, y aquello consiguió que se sintiera todavía peor.

A la mañana siguiente Logan despertó decidido a disculparse, caminó hasta la cocina con cara de condenado al patíbulo, pero Vanessa ni siquiera le dio la oportunidad.

—No lo hagas —le advirtió y él parpadeó confundido.

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