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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1059

ADICTO A TI. CAPÍTULO 41. "Legendary"

Vanessa apretó los labios para contener la risa, porque Logan parecía al borde de un pequeño infarto. Y era mala lo sabía, decirle a aquel hombre que Obsidian la patearía por una vara, era como ponerle el corazón a mil.

—¡¿Y cómo demonios se supone que vas a controlarlo?! —exclamó él y Vanessa soltó una risa suave antes de negar con la cabeza.

—Ese es tu problema, Logan. Sigues creyendo que esto se trata de controlar. —Ella acarició el cuello del semental, que inmediatamente cerró los ojos con gesto tranquilo—. Yo no quiero controlar a Obsidian… solo quiero bailar con él.

Antes de que Logan pudiera acabar de desquiciarse, los altavoces del hipódromo comenzaron a rugir y los primeros acordes de "Legendary", de Bon Jovi, inundaron todo el recinto.

Vanessa sonrió. Obsidian levantó la cabeza. Y, sin decir una sola palabra más, ella salió corriendo hacia el centro de la pista.

El enorme caballo la siguió inmediatamente, no porque alguien lo obligara, no porque llevara riendas, no porque existiera una cuerda que lo sujetara. Simplemente porque quería hacerlo.

El corazón de Logan empezó a golpearle con tanta fuerza que llegó a preguntarse si era físicamente posible sobrevivir cuatro minutos completos de aquella manera.

La música fue creciendo, el ritmo llenó el hipódromo, y de pronto caballo y amazona se estaban moviendo como si aquello de verdad fuera un baile.

No parecía una prueba de doma, parecía una coreografía, limpia, hermosa, vibrante. Obsidian giraba exactamente cuando Vanessa giraba. Se detenía cuando ella se detenía. Retrocedía cuando ella sonreía y levantaba apenas una mano.

No necesitaba una vara para guiarlo, solo su mano, su voz y la música. Apenas rozaba su cuello con la punta de los dedos de vez en cuando, y el resto del tiempo bastaba una palabra, una mirada o un pequeño gesto para que el enorme semental comprendiera exactamente qué debía hacer.

El público había dejado de respirar. Logan también. Porque aquello no parecía obediencia. Aquello era confianza.

Obsidian corría, giraba y se levantaba alrededor de Vanessa con la alegría de un potrillo que acabara de descubrir el mundo. En un momento pasó galopando tan cerca de ella que Logan sintió que el corazón se le detenía.

—¡La madre…! —murmuró.

Pero Vanessa simplemente extendió un brazo. El caballo disminuyó la velocidad apenas unos centímetros antes de alcanzarla. Giró. Volvió. Y apoyó el hocico contra su hombro durante apenas un segundo antes de continuar la coreografía.

Los aplausos comenzaron incluso antes de que terminara la música. Entonces llegó el momento que hizo que Logan sintiera un auténtico miniinfarto.

Vanessa echó a correr y Obsidian aceleró junto a ella. Los dos avanzaron prácticamente a la misma velocidad hasta que, sin disminuir el paso, ella apoyó una mano sobre el lomo del caballo y, con un movimiento limpio y elegante, se impulsó para quedar montada sobre él.

Sin silla. Sin estribos. Sin nada. Solo aferrándose un instante a la espesa crin negra del semental.

Logan dejó de respirar.

Obsidian galopó entonces con una fuerza extraordinaria, como si el viento hubiera decidido empujarle las patas. Y treinte segundos después, de forma completamente inesperada, enterró las patas delanteras en la arena y frenó en seco.

El impulso lanzó a Vanessa hacia adelante y Logan dio un paso instintivo… pero ella no cayó. Voló. Voló con el vestido negro como un par de alas alrededor de sus piernas, tobillos por delante, pasando por encima de la cabeza de Obsidian y describiendo una elegante pirueta antes de aterrizar descalza sobre la arena con una precisión que parecía imposible.

El hipódromo entero quedó completamente inmóvil mientras la música llegaba a su último compás. Amazona y caballo caminaron despacio hasta quedar cara a cara, por un segundo permanecieron inmóviles y después se inclinaron el uno frente al otro.

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