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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1060

ADICTO A TI. CAPÍTULO 42. Más...

La espalda de Vanessa chocó contra la pared de madera con un golpe sordo que le robó el aliento. Logan tenía una capacidad especial para inmovilizarla con cada beso, con cada caricia. Su cuerpo encajba contra el suyo, sus piernas separaban las de Vanessa con una autoridad innegable. Bajó la cabeza hasta que sus labios estuvieron a centímetros de su cuello. Podía sentir el pulso de su esposa, frenético, contra sus labios.

—¡Esto es una estupidez! —la escuchó jadear—. Tenemos camas… muchas camas…

—¿Quieres esperar a llegar a una? —preguntó Logan contra su piel, y su aliento caliente y húmedo la estremeció—. Dime que te vas a ir corriendo de vuelta a esa fiesta.

Vanessa no dijo nada. En su lugar, arqueó el cuello, ofreciéndoselo. Esa fue respuesta y rendición todo a la vez.

Logan no necesitaba más. Su boca descendió al escote de su vestido. Con un movimiento brusco, deslizó los dedos por el tejido y tiró hacia abajo. El sonido de la tela rasgándose seco fue obsceno en el silencio del cuarto. El encaje negro de su sostén quedó a la vista, y él no perdió tiempo. Su boca se cerró sobre la piel expuesta, besándola con una ferocidad hambrienta. No eran besos tiernos; eran marcas, reclamaciones. Sus dientes rozaron la piel sensible de sus pechos, y ella soltó un gemido gutural, como una mezcla de dolor y placer puro.

—Logan… —jadeó, sus manos subiendo por su nuca, entrelazando los dedos en su cabello—. ¡Maldit@ sea! ¡Esto es tortura!

La mano de Logan subió por su costado, encontrando el borde del vestido y tirándolo hacia arriba, hasta que la tela se amontonó sobre sus caderas. El aire frío del cuarto le azotó los muslos, y ella sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con la temperatura. Sus manos la soltaron por un instante, solo para agarrar el vestido y subirlo aún más, dejándola desnuda de cintura para abajo, expuesta y vulnerable bajo la luz cruda de la bombilla.

Se arrodilló lentamente. Sus manos se posaron en sus muslos, abriéndolos más; y su mirada era intensa, ardiente, fijándose en su sexo húmedo y ansioso.

—Maldición… esta sí es la tortura —suspiró mordiendo sobre su clítoris y sintiendo cómo temblaba.

Y era una que no pensaba permitir por mucho tiempo.

Su lengua fue un shock eléctrico que recorrió el cuerpo de Vanessa, arrancándole un jadeo ahogado. No hubo timidez, no hubo exploración lenta. Fue directo, voraz, mientras su boca la devoraba con un ritmo insistente, hundiendo los dedos en su sexo, llevándola a una excitación que la hizo gritar.

Los dedos de su otra mano se encajaban en sus muslos, impidiéndole cerrar las piernas, obligándola a recibir todo, a sentirlo todo. El mundo se redujo a la boca de Logan, a los sonidos húmedos y delicioso que llenaban el cuarto, a la sensación de su barba arañándole la piel. Sus caderas empezaron a moverse solas, con un ritmo salvaje y desesperado, buscando más, buscando la liberación que solo él podía darle.

—Sí... así... no pares... Logan, por favor —suplicó, mientras sus palabras se convertían en gemidos incoherentes.

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