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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1085

ADICTO A TI. CAPÍTULO 66. Una adicción perfecta

Vanessa soltó una mezcla de risa y quejido cuando lo vio subir a su ambulancia, y Logan apoyó inmediatamente la frente contra la suya.

—Estoy aquí.

Ella volvió a apretarle la mano.

—No me sueltes.

—¡Ni aunque me lo ordenes!

El médico sonrió mientras continuaba dando instrucciones.

—Muy bien, Vanessa. Todo marcha bien. Escucha mi voz. Cuando te diga, empuja.

Los minutos siguientes parecieron eternos. El gran CEO Logan Keller jamás había imaginado que pudiera sentirse tan inútil. Solo podía sostener la mano de su esposa, secarle el sudor de la frente y repetirle una y otra vez que todo iba a salir bien.

No tenía idea de que para ella eso era suficiente, su presencia era todo lo que necesitaba. Hasta que, finalmente, un llanto fuerte rompió el aire y el mundo entero pareció detenerse.

El médico levantó al pequeño entre sus brazos y anunció como una vistoria.

—¡Es un niño!

Vanessa rompió a llorar y Logan se quedó como una estatua enamorada, como si su cerebro hubiera dejado de funcionar.

El bebé volvió a llorar y el médico sonrió.

—Papá... ¿quieres cortar el cordón?

Aquellas palabras bastaron para devolverlo a la realidad. Logan alargó cortó el cordón con la mano más firme de lo que esperaba y luego miró a su pequeño.

Tenía el rostro completamente arrugado, los puños cerrados y una fuerza pulmonar sorprendente para alguien que apenas acababa de llegar al mundo.

Logan sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—¡Tú sí que naciste para mandar! ¿No es cierto, campeón? —Su voz apenas fue un susurro y Vanessa lo observó sonriendo.

—¿Ya sabes cómo se va a llamar?

Él volvió la vista hacia ella antes de ponérselo en los brazos y Vanessa asintió.

—Sí —dijo acariciando suavemente la mano diminuta de su bebé—. Bienvenido, Drake.

—Gran nombre —acordó el paramédico, pensativo—. Significa dragón. ¿Verdad?

Logan soltó una pequeña risa.

—Y después de la forma en que decidió llegar al mundo... creo que le queda perfecto. ¡Un pequeño Dragón Keller!

—¡Y echará fuego por los ojos como su padre! —se burló Vanessa.

Menos de cinco minutos después, media familia y cuatro asistentes de Keller Holdings ya estaban ahí, porque Milo Keller tenía un helicóptero y si no servía para trasladar a su nieto a un hospital, entonces no servía para nada. Mientras los paramédicos preparaban el traslado, Logan levantó la vista y observó el lugar donde todo había ocurrido. La carretera. El bosque. La curva donde el destino había decidido cambiar sus vidas para siempre.

—Voy a comprar este terreno —le dijo a su padre y este lo miró sorprendido.

—¿Perdón?

—Cueste lo que cueste. Aquí nació mi hijo, y nadie va a convencerme de que existe un terreno más importante que este —murmuró pensativo.

Horas después, el ambiente era completamente distinto. La habitación del hospital estaba llena de flores, Vanessa descansaba con Drake dormido sobre su pecho y los médicos acababan de confirmar que tanto ella como el bebé estaban perfectamente.

Cuando la puerta se abrió, la familia Keller entró casi en fila. Ordenaditos, porque para desordenarse y alocarse tendrían tiempo en la fiesta de bienvenida a casa y en el bautizo.

Anya fue la primera en entrar y se llevó ambas manos a la boca al ver al pequeño.

—¡Es precioso!

Logan sonrió.

—Eso lo heredó de la madre —terminó Anya borrándole aquella sonrisa suficiente y su hijo le sacó la lengua, porque ser padre no eliminaba que fuera un malcriado consentido.

Su padre se acercó después y observó al recién nacido durante unos segundos.

—Bienvenido a la familia, pequeño dragón.

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