APA. CAPÍTULO 2. Un hombre que paga sus apuestas
Luc salió del reservado como una fiera, caminando hacia la terraza mientras sacaba su celular y hacía una llamada.
Odette apenas tuvo tiempo de esconderse en el recodo del corredor antes de que él apareciera. Lo vio pasar con la mandíbula apretada y salir hacia una de las terrazas con expresión fría y serena, más de la que tendría cualquier hombre en su posición.
Esperó a que se alejara y volvió a la puerta, porque todavía necesitaba el último golpe de puñal para tomar una decisión. Conocía la arrogancia de Sven cuando se enfrentaba a su gemelo, lo que no sabía era si la mantendría cuando ya no tuviera a Luc delante para desafiarlo.
—¿De verdad cumplirías? —preguntó uno de sus amigos y Sven soltó una carcajada.
—No voy a tener que hacerlo.
—Eso no fue lo que pregunté —replicó el otro—. Si por alguna casualidad el consejo elige tu proyecto, ¿le darías a Odette?
—Sí.
La respuesta fue tan inmediata, tan segura, que Odette sintió una punzada de repulsión.
—¡Estás loco! —murmuró otro hombre.
—Luc no la tocaría —aseguró Sven—. Es demasiado correcto. Probablemente la llevaría a una habitación y dormiría en un sillón, todo torcido, solo para dejarle desayuno y una disculpa al día siguiente.
—Eso suponiendo que Odette aceptara irse con él —dijo una de las chicas y Odette reconoció su voz: April, una que siempre estaba detrás de Luc como una garrapata sin que él se dignara a mirarla.
—No tendría que saberlo —señaló Sven—. Somos idénticos.
—¿Pero cómo no va a saberlo? —Esta vez hubo varias carcajadas—. No me jodas —dijo su amigo—. Esa mujer lleva un año contigo. Seguro sabrá cuál de los dos eres.
Pero Sven negó con una altivez peligrosa.
—Si Luc quisiera hacerse pasar por mí, ella no notaría la diferencia. Además, ni siquiera nos hemos acostado porque la doncellita protege su tesorito como si de verdad fuera de oro.
Odette bajó la mirada y apretó los puños. Era cierto, protegía su virginidad porque le daba la gana y porque era suya, y solo ella podía ponerle valor, pero Sven estaba muy equivocado en otra cosa: él y su hermano podían compartir rostro, altura y hasta el mismo tono de voz, pero ella jamás los había confundido. Sven era impulsivo, inquieto, incapaz de permanecer callado demasiado tiempo. Luc observaba antes de hablar y parecía ocupar el espacio como un rey ocupa autoridad sin necesidad de ejercerla. Sven era luminoso. Luc era… aplastante. Y ella no los había confundido ni una sola vez desde que los conocía.
—Si yo fuera tú, no apostaría mi relación —comentó otro amigo.
—Yo no estoy apostando mi relación. Estoy apostando a que Luc ganará, y va a ganar —siseó Sven—. Y cuando lo haga, al menos no podrá seguir justificando que nuestro padre no está parcializado.
—Entonces tendrá el contrato y a la chica —le gruñó April—. ¿Te has puesto a pensar que quizás de verdad no eres el más inteligente?
—¡Cállate! —le esperó Sven y siguieron hablando como si todo lo que importara fuera esa demostración: él era la víctima porque su gemelo era el favorito.
Odette se apartó de la puerta. No necesitaba escuchar nada más. Sven creía que podía ofrecerla delante de todos, burlarse de ella e incluso asegurar que no distinguiría a los gemelos.
Se acercó a uno de los espejos del corredor, y se secó la única lágrima que le había corrido por la mejilla. ¿Qué tenía el corazón roto? Completamente. ¿Qué venía de una larga familia especialista en venganzas dolorosas? También. Y para ese momento tenía muy claro que entre pedazo y pedazo que sentía que le arrancaban, también nacía una decisión peligrosa, una que solo una Keller podía tomar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....