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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1098

APA. CAPÍTULO 12. La orden del patriarca

—Eso es… absolutamente tentador —gruñó Luc tratando de contenerse—. Pero para eso tendríamos que salir de este restaurante.

Odette sintió el tirón inoportuno en su vientre. Definitivamente estaba empezando a disfrutar de aquello por razones que no tenían nada que ver con Sven.

Pidieron café y compartieron un postre porque Luc afirmó que no quería uno y terminó comiéndose casi la mitad del suyo.

Cuando terminaron, Luc pidió la cuenta.

—Invito yo —dijo Odette.

—No.

—¿Por qué?

—Porque te sentaste en mi mesa —respondió él.

—Precisamente. Arruiné tu reunión y secuestré tu almuerzo —replicó Odette.

—Lo mejoraste. —La respuesta salió tan naturalmente que ambos quedaron callados, y luego Odette fue la primera en levantarse.

—Entonces gracias por invitarme.

Luc también se puso de pie. El restaurante estaba lleno. Ejecutivos, empresarios y varias personas que conocían perfectamente a los Amsler ocupaban las mesas cercanas. Odette lo sabía. Por eso rodeó el cuello de Luc con los brazos.

Él arqueó una ceja.

—¿Qué haces?

—Despidiéndome.

—Podrías darme la mano.

—¿Siempre eres tan romántico? —se burló ella impulsándose en las puntas de los pies y besándolo.

Luc ni siquiera dudó antes de sujetarla por la cintura y responder, y al final fue ella la que tuvo que separarse buscando aire.

—Nos vemos después, amor —le dijo con un guiño y salió del restaurante, sabiendo que tarde o temprano alguien le iría con el chisme a Sven.

Esa misma noche lo encontró en las puertas de su edificio de modas, y fingió estar demasiado apurada como para quedarse.

—¡Lo siento cariño, tengo emergencia familiar, ya sabes cómo son los locos de mi casa! ¿Nos vemos mañana, solitos, para agradecerte por el almuerzo de hoy?

Sven frunció el ceño y apretó los labios.

—¿El almuerzo?

—Sí, me encantó y te lo repito: ha sido nuestra mejor cita desde que somos novios. Sobre todo porque me mimaste mucho. Deberías besarme así más seguido.

Sven atornilló una sonrisa y cerró las manos en puños dentro de los bolsillos. Porque aquello no tenía sentido y a la vez tenía demasiado sentido.

—Me alegro de que te gustara —siseó mientras ella le lanzaba un beso y corría hacia su auto.

Él se dio la vuelta y se subió al suyo con un humor que parecía a punto de atropellar a alguien a propósito. Esa tarde había entrado en una reunión con ingenieros de su proyecto al otro lado de la ciudad. Ella no había almorzado con él, ¡había estado con Luc!

Condujo todo el camino de regreso a la oficina golpeando el volante, pero eso no era suficiente al parecer, porque cuando entró a su despacho, la computadora fue lo primero que apartó de un golpe. Después lanzó la copa contra la pared, barrió varios documentos del escritorio y terminó descargando el puño contra una lámpara que cayó al suelo con estrépito.

—¡Luc! —maldijo entre dientes.

Capítulo 1098 1

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