APA. CAPÍTULO 11. Una chica mimada
Una parte de él, la mejor parte, debía haberle advertido a Luc que estaba siendo mezquino, traicionero y desleal. Pero justo su parte mezquina le decía que con no buscar a Odette ya estaba siendo bastante bueno. No la perseguía, pero tampoco iba a correr en sentido contrario cuando la veía llegar.
Y justo eso fue lo que pasó el lunes, cuando ella llegó a aquel restaurante y reconoció a Luc antes de que el maître terminara de preguntarle si quería una mesa junto a la ventana.
Estaba solo, sentado al fondo del restaurante, con una carpeta cerrada junto al plato y el teléfono en la mano, con aquella expresión fría y oscura que su prometido no tenía ni aunque la intentara.
—Ya encontré a quien buscaba —dijo Odette.
—Por supuesto, señorita Keller.
El maître se retiró mientras ella sonreía y caminaba directamente hacia Luc.
Él levantó la cabeza cuando la vio llegar a la mesa, pero la sorpresa no tuvo tiempo de aparecer en su rostro antes de que Odette se inclinara, le diera un beso en los labios y dejara el bolso en la silla contigua.
—Qué casualidad encontrarte aquí, amor.
Luc la miró. Luego miró la silla que ella acababa de ocupar.
—Odette...
—Pensaba almorzar sola, así que acabas de mejorar muchísimo mis planes.
Luc se quejó mirándola por unos segundos y luego tecleó algo rápido en su teléfono.
—Yo tenía una reunión.
—¿Tenías? —preguntó ella.
—Acaba de cancelarse —advirtió Luc y ella se mordió el labio inferior, tratando de contener la sonrisa.
—¿Acabas de cancelar una reunión de trabajo por mí?
—No, solo la reprogramé —carraspeó él—. Y no solo por ti, digamos… que tengo muy bien definidas mis prioridades.
Lo dijo mirándola a los ojos, y Odette contuvo el aliento sin poder evitarlo. Tomó el menú y se escondió detrás de él por algunos segundos, pero no estaba leyendo nada, y cuando el camarero se acercó ella ni siquiera sabía qué había en aquel sitio para comer.
—Un corte término medio para la señorita, ensalada sin tomate, agua mineral. Y salmón para mí —pidió él y Odette levantó la cabeza.
Era justo lo que habría pedido si hubiera podido leer la carta, la cuestión era: ¿Cómo lo sabía él? ¿Había estado prestando atención antes? En las pocas cenas que habían compartido antes, ¿había estado mirándola? Pero incluso la falta de esa respuesta le produjo a Odette una satisfacción que no quiso analizar.
—¿Quieres que corte la carne por ti? —preguntó él cuando su plato llegó.
—No te preocupes, yo puedo sola —murmuró Odette.
—Poder no es lo mismo que querer —replicó él tomando los cubiertos de sus manos.
—No quiero parecer mimada —sentenció ella y lo vio hacer una mueca de fastidio.
—¿Cuál es el puto problema con que la gente sea mimada? —gruñó—. ¿No te quisieron bien tus padres, no te dieron todo lo que tenían? ¿Cuál es el problema en eso? ¿Debían abandonarte y tratarte como basura para que otros te respeten?
Odette se quedó muda por un segundo, viendo los pequeños trozos de carne limpiamente cortados bajo su cuchillo. Sven la acusaba de ser mimada, y el hombre frente a ella solo estaba mimándola más porque no veía nada malo en eso.
—¿Quieres que te mime yo a ti? —le preguntó de repente, porque algo le decía que con el carácter de los Amsler, quizás él era de esos que nunca había recibido mucha ternura en su vida.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....