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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1130

APA. CAPÍTULO 44. Confusión

Odette no supo que estaba nerviosa hasta que Luc le tomó la mano. Habían llegado quince minutos antes a la clínica y desde entonces ella había hojeado tres veces la misma revista sin leer una sola línea. A su lado, Luc tampoco estaba mucho mejor. Mantenía una aparente tranquilidad, pero cada vez que se abría la puerta del pasillo levantaba la cabeza.

Aquella mañana había algo extraño entre ellos, aunque por primera vez no era una mentira. Odette sabía perfectamente que estaba sentada junto a Luc. Luc sabía que ella lo sabía. No había ningún Sven al que engañar después ni una supuesta confusión que sostener. Solo ellos dos. Y un bebé que hasta ese momento había consistido, para Odette, en dos líneas sobre una prueba.

—Señorita Keller.

Para cuando Odette levantó la cabeza, ya Luc ya estaba de pie.

—¿Manita sudada? —preguntó ella ofreciéndole su mano y Luc enlazó los dedos con los suyos porque nadie iba a pretender que no estaban nerviosos.

La médica repasó las fechas antes de pedirle que se recostara. Las preguntas fueron sencillas, pero cada respuesta hacía que todo pareciera un poco más real. Náuseas. Cansancio. Cambios de apetito. Luc escuchaba como si aquella información pudiera aparecer después en un examen.

Y Odette estuvo a punto de burlarse de él, pero las luces disminuyeron. Entonces la pantalla se encendió, y el mundo como lo conocían dejó de existir.

—¿Eso es...?

—Su bebé —sonrió la doctora.

Odette sintió que algo le apretaba el pecho. Era minúsculo. Tan pequeño que le parecía imposible que aquello hubiera provocado el caos de los últimos días. Sin embargo, estaba allí. Buscó la mano de Luc sin apartar los ojos de la pantalla y él cerró los dedos alrededor de los suyos.

—¿Está bien? —preguntó inmediatamente y la doctora sonrió.

—Está perfectamente, bien agarradito.

Luc asintió, pero no relajó la mano. Aquella mirada que normalmente parecía capaz de calcular diez movimientos por adelantado estaba fija en la pantalla. Tenía la mandíbula apretada y los ojos brillantes.

—Luc.

Él tardó en mirarla.

—No veo nada, pero sé que ahí está nuestro bebé —murmuró él con un jadeo ahogado.

Odette sonrió entre lágrimas y los dos volvieron a mirar la pantalla como si temieran perderse un solo segundo.

Cuando salieron de la clínica, Luc llevaba las imágenes de la ecografía en una carpeta que había pedido específicamente para que no se doblaran. Y Odette lo dejó hacer, porque había algo tan inesperadamente tierno en verlo proteger unas imágenes que también tenían almacenadas en formato digital que no quiso arruinarlo.

Caminaron hasta el automóvil sin hablar demasiado, y Luc abrió la puerta para ella, pero no permitió que entrara.

—Quiero pedirte algo —soltó de repente, y Odette apoyó una mano sobre el techo del coche.

—Eso suena serio.

—Quiero estar en todas —pidió él levantando la carpeta y Odette comprendió inmediatamente.

—¿En todas las ecografías?

—En todo lo relacionado con el bebé. Consultas, pruebas, lo que sea.

Odette lo observó. Luc no dijo «tengo derecho». No dio por hecho que podía hacerlo. Estaba preguntando.

—Siempre que no intentes organizar mi embarazo como organizas una empresa.

—Soy bueno organizando empresas —se defendió él.

—Le preguntaste cuatro veces a la médica si estaba segura de que todo iba bien.

—Fueron dos.

—¡Cuatro, Luc!

—Soy meticuloso, por eso soy millonario. Acepta mis virtudes y no te fijes mucho en mis defectos.

Odette soltó una carcajada y Luc terminó sonriendo a pesar de los nervios.

—Intentaré controlarme.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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