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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1139

APA. CAPÍTULO 53. La caída de un imperio

Durante los días siguientes, la diferencia dejó de ser semántica. Las primeras revisiones encontraron obligaciones superiores a las declaradas internamente en algunas sociedades. Después aparecieron discrepancias contables que obligaron a ampliar el análisis. Una operación impulsada por Sven meses atrás había consumido mucho más capital del previsto. Otra necesitaba una inyección inmediata para no incumplir compromisos con terceros.

Su proyecto ganador, aquel por el que había comenzado la apuesta con Luc, no estaba produciendo todavía el rendimiento que había utilizado para justificar la segunda fase. La expansión dependía precisamente del capital que esperaba obtener mediante una alianza con los Keller.

Ese dinero nunca llegó. Los seiscientos millones estaban comprometidos con la empresa de Luc. Y Luc ya no estaba dentro de Amsler para resolver nada.

Las noticias comenzaron a extenderse por el sector. Primero fueron rumores. Después, preguntas. Finalmente, decisiones. Un acreedor exigió garantías adicionales. Otro se negó a renovar condiciones anteriores. Dos socios suspendieron operaciones hasta comprender el alcance de las revisiones.

La liquidez comenzó a convertirse en el problema que el patriarca Amsler llevaba demasiado tiempo aplazando. Y cuanto más necesitaban dinero, más difícil resultaba conseguirlo.

Sven llegó al despacho de su padre un jueves por la mañana y encontró a seis personas revisando documentos.

—¿Qué ocurre?

Nadie respondió inmediatamente. Sobre la mesa había informes financieros, listados de activos y proyecciones de caja. Su padre parecía haber envejecido diez años en una semana.

—Retira la demanda —ordenó su padre y él lo miró horrorizado.

—¡Claro que no! Podríamos ganar…

—Sus abogados pueden aplazarla por meses. ¡no tenemos meses! Si nos seguimos hundiendo tendremos que vender.

Sven miró los documentos y retrocedió.

—¿Vender qué?

—Activos.

—¿Cuáles?

—Los que sea, los que podamos vender más rápido.

Sven sintió por primera vez una punzada auténtica de miedo.

—Ni loco. Esto es temporal… es un bache…

Su padre levantó la cabeza.

—No. Es un sumidero y nos está tragando.

La palabra cayó con una contundencia que terminó con cualquier intento de optimismo.

Las revisiones fiscales todavía no habían concluido. Las obligaciones potenciales aumentaban cada día y la caída de confianza había hecho el resto. Algunas sociedades del grupo seguían siendo rentables, pero ahora podían terminar sacrificadas para cubrir los agujeros de otras.

—Luc hizo esto —murmuró Sven y su padre no contestó. No hacía falta—. ¡Por Odette!

—¡Por quien lo haya hecho, ya no podemos deshacerlo! Solo podemos intentar no quemarnos más y los abogados para la maldit@ demanda cuestan miles la hora. Ya no podemos costearlos.

—¡Pero papá…!

—¡Papá nada! ¡Tú hiciste esto! —gritó el viejo Amsler—. ¡Tú y tu maldit@ boca suelta! ¡Tuviste que apostar lo único que podía sacarte del atolladero, y lo peor es que no puedes decir que fue mentira, porque nada aquí en mentira! —señaló los papeles—. ¡Todo está en blanco y negro!

Y esa era la sentencia. Nadie había hecho nada contra ellos, solo habían abierto la puerta para que entrara luz.

La demanda contra Odette quedó relegada casi inmediatamente. Mantener un litigio costoso por daño reputacional mientras su situación empresarial se deterioraba tenía cada vez menos sentido. Además, la exposición pública que podía producir el proceso comenzaba a resultar peligrosa para él.

Odette recibió la noticia sin celebrarla. Había esperado una batalla judicial y, de pronto, Sven parecía demasiado ocupado intentando conservar su propio patrimonio para continuarla. Lo que no entendía era por qué todo había ocurrido tan rápido, pero encontró la respuesta varios días después.

Estaba en la casa de modas, revisando muestras de tejidos, cuando Logan entró en su despacho sin avisar.

—¿Cómo te encuentras?

Odette levantó la vista.

—Si vienes a preguntarme por las náuseas, sal.

—¡Entonces estás estupendamente! ¡Maternidad de primera…!

—¡Te voy a lanzar un florero! ¿Qué quieres? —escandalizó ella y Logan cerró la puerta.

Su expresión hizo que Odette dejara la muestra sobre la mesa.

—¿Qué pasó?

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