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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1140

APA. CAPÍTULO 54. ¡Nunca!

Odette esperó hasta llegar a casa para enfrentarlo.

Durante todo el trayecto desde Keller había intentado ordenar lo que Logan acababa de contarle, pero cada explicación posible terminaba llevándola al mismo lugar. Luc había entregado los documentos. Había sabido qué podía ocurrir cuando lo hiciera y, aun así, había permitido que años de problemas internos salieran de golpe a la superficie.

No había destruido el Grupo Amsler en una semana. Pero había dejado de impedir que se destruyera solo. Cuando el ascensor se abrió, Odette pasó de largo frente a la puerta de su propio departamento y llamó directamente a la de al lado.

Luc abrió pocos segundos después. Llevaba las mangas de la camisa recogidas y tenía los lentes puestos. La cicatriz sobre su ceja derecha ya empezaba a perder el tono rojizo de los primeros días.

—Hola.

Odette entró sin devolver el saludo y él cerró la puerta.

—OOOOOOOK… Esto tiene cara de que se va a poner feo —murmuró y ella se volvió.

—¿Fuiste tú?

No necesitó explicar nada. La expresión de Luc cambió apenas.

—Logan te lo contó.

—¡Respóndeme!

Luc dejó los lentes sobre una mesa.

—Sí. —Y la sencillez de la respuesta la irritó más de lo esperado.

—¿Sí?

—Sí.

—¿Eso es todo?

—Preguntaste si fui yo. Te respondí. ¿Quieres que elabore una justificación romántica larga, o una estilo mafioso posesivo? —la increpó Luc—. Porque cualquiera de las dos las tengo, y de paso el trastorno también.

Odette respiró profundamente. No quería gritar y, sobre todo, no quería que aquella conversación se convirtiera en otra sucesión de acusaciones. Caminó hasta el salón, donde varias pantallas seguían encendidas con documentos de la nueva empresa. Todo lo que Luc estaba construyendo ocupaba aquel apartamento. Y, al mismo tiempo, todo lo que había dejado atrás comenzaba a derrumbarse.

—la empresa de tu padre puede entrar en insolvencia.

—Lo sé —respondió él sin inmutarse.

—Están vendiendo activos.

—También lo sé.

—Tu padre puede perder el conglomerado que dirigió durante décadas.

Luc permaneció junto a la mesa, cruzándose de brazos.

—“Puede” es un término demasiado relativo para una certeza. Lo correcto sería decir: Van a perderlo todo.

Odette lo miró con incredulidad.

—¿Y puedes decirlo así?

Él tardó unos segundos en responder. No parecía indiferente. Eso habría sido mucho más fácil de comprender. Había cansancio en su expresión y algo parecido a una tristeza cuidadosamente contenida.

—¿Cómo quieres que lo diga?

Aquella respuesta desinfló parte de la furia de Odette. Luc caminó hasta la ventana y por un segundo se quedó mirando la ciudad.

Había trabajado en aquella empresa desde que había terminado sus estudios. Había desarrollado allí proyectos, construido equipos, cerrado operaciones y pasado años preparándose para asumir responsabilidades cada vez mayores. Su apellido no era solo el nombre de una familia; durante buena parte de su vida había sido también su profesión. Quizás por eso había tardado tanto en entender que jamás lograría sus sueños allí.

—Yo no fabriqué una sola cifra —dijo finalmente—. No inventé deudas, no falsifiqué operaciones y no provoqué las irregularidades que encontraron.

—Pero entregaste los documentos.

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