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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1146

APA. CAPÍTULO 60. Sí

Ella sintió los ojos húmedos.

—Odette Keller, te amo. Quiero criar a nuestro hijo contigo. Quiero compartir una casa contigo, aunque sospecho que vas a ocupar todos los armarios. Quiero discutir contigo sobre cosas que no entiendo y que sigas lanzándome objetos cuando opino de moda.

—Solo objetos pequeños.

—Lo agradezco.

Luc apretó suavemente sus dedos.

—Quiero construir una familia contigo. Pero esta vez no hay apuestas, trampas ni hechos consumados. —Le mostró el anillo—. ¿Quieres casarte conmigo?

Odette no respondió inmediatamente. Miró el anillo. Después a Luc. Y una idea apareció con tanta claridad que no pudo resistirse.

—¿Qué estás dispuesto a apostar a que aceptaré?

Luc se quedó inmóvil y luego negó lentamente con la cabeza.

—Nada.

—¿Nada?

—Nunca volveré a apostar nada que tenga que ver contigo.

Odette arqueó una ceja.

—¿Tan poco confías en tus posibilidades?

—Confío bastante. —Luc sonrió—. Pero aprendí algo importante.

—¿Qué cosa?

—Que Odette Keller siempre decide por sí misma. Puedo apostar por tu amor, pero solo dándote el mío. El tuyo es tuyo si quieres dármelo, y si no…

Y esas eran demasiadas palabras para un discurso que podía cortarse perfectamente con un beso.

El silencio que siguió fue dulce, húmedo, propio.

Odette pensó en todo lo que había ocurrido desde aquella noche en el club. En la apuesta que escuchó detrás de una puerta. En el sedante que nunca bebió. En la primera noche con Luc. En cada mentira que utilizó para castigar a Sven y en todas las veces que Luc aceptó seguir aquel juego porque ya sabía exactamente quién era ella.

Pensó en París. En su bebé. En la cicatriz sobre la ceja de Luc. En dos apartamentos contiguos que poco a poco habían terminado convirtiéndose en una sola vida.

No necesitaba que nadie decidiera por ella. Nunca lo había necesitado. Apoyó una mano sobre su vientre y sintió a su bebé moverse suavemente.

Después extendió la otra hacia Luc para recibir el anillo.

—Entonces puedes dejar de apostar. Porque esta vez yo te elijo a ti.

El anillo permaneció varios segundos entre los dedos de Luc antes de deslizarse en el anular de Odette. Encajó perfectamente, y ella lo contempló bajo la luz tenue del restaurante y sintió algo que no había experimentado la primera vez que llevó un anillo de compromiso: tranquilidad.

No había una familia celebrando antes de escuchar su respuesta. No había intereses empresariales ocultos detrás de una boda ni una ceremonia preparada para impedirle retroceder. Nadie había decidido una fecha, reservado un lugar o convertido su matrimonio en una operación financiera.

Solo estaban ellos, y ella había dicho que sí.

Luc seguía arrodillado y con cara de que esta a punto de ponerse a llorar.

—Puedes levantarte —murmuró Odette.

—No puedo, estoy procesando.

—¿Qué cosa?

—¡Que aceptaste!

Ella sonrió con ternura.

—Parecías bastante seguro hace treinta segundos.

—Una cosa es confiar en mis posibilidades y otra recibir confirmación oficial. ¡Te vas a casar conmigo!

Odette tiró suavemente de su mano hasta obligarlo a levantarse, y Luc apenas estuvo a su alcance cuando ella lo besó de nuevo. Esta vez tampoco hubo nadie aplaudiendo, y le gustó así.

Cuando se separaron, Luc miró nuevamente el anillo.

—Entonces estamos comprometidos.

—¡Sí!

—¡Dímelo de nuevo!

—No te emociones demasiado —le advirtió Odette—. Hay condiciones.

Él entrecerró los ojos.

—Naturalmente.

—No quiero fecha todavía. —Odette apoyó una mano sobre su vientre y Luc asintió de inmediato.

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