APA. CAPÍTULO 61. El último robo
La primera decisión importante del compromiso no tuvo nada que ver con flores, vestidos o invitados. Tuvo que ver con una pared.
—Podemos tirarla —dijo Luc, y Odette contempló el plano de los dos apartamentos extendido sobre la mesa.
—No toda.
—¡Obviamente!
—Quiero mantener dos despachos.
—También.
Ella lo miró con sospecha.
—Estás aceptando demasiado rápido.
—Llevo meses esperando que sugieras esto.
Los apartamentos contiguos habían funcionado mientras necesitaban conservar espacios independientes. Con el nacimiento cada vez más cerca, aquella separación empezaba a resultar absurda.
No querían mudarse todavía. A Odette le gustaba su apartamento y Luc había terminado acostumbrándose al suyo. La solución apareció sola: Comprar el de Luc y unirlos. Una reforma permitiría abrir una comunicación amplia entre ambos salones y reorganizar parte de las habitaciones sin eliminar completamente la distribución original.
La habitación del bebé quedaría cerca del dormitorio principal. Luc conservaría un despacho. Odette también.
—Y quiero un vestidor grande —añadió ella.
—Tienes uno grande.
—Quiero uno más grande.
Luc escribió algo sobre el plano.
—Voy a necesitar otros seiscientos millones.
—¡Uff, pues ponte a trabajar!
Las semanas siguientes estuvieron llenas de obreros, muestras, planos y muebles para bebé. Al mismo tiempo, ambos continuaron trabajando.
Luc dirigía buena parte de su nueva empresa desde casa, aunque las primeras operaciones exigían que apareciera con frecuencia en las oficinas. La compañía comenzaba a adquirir ritmo propio y las disputas relacionadas con Amsler ya habían sido zanjadas casi por completo.
Odette también empezó a ceder terreno. No profesionalmente, físicamente. Su cuerpo decidió que jornadas completas en la casa de modas ya no eran negociables. Comenzó trabajando cuatro días en la oficina. Después tres. El resto lo hacía desde casa mediante videollamadas, muestras enviadas directamente al apartamento y reuniones con su equipo.
La línea para embarazadas, mientras tanto, había dejado de ser un experimento pequeño. Varias clientas habían mostrado interés antes incluso del lanzamiento completo y Odette empezó a considerar mantenerla de forma permanente.
Le resultaba irónico. Una inseguridad que la había hecho llorar frente a un armario había terminado abriendo una nueva línea de negocio.
Pero mientras ellos construían, el conglomerado Amsler continuaba derrumbándose.
Las noticias llegaban casi diariamente: Ventas de activos. Negociaciones con acreedores. Filiales sometidas a revisión. Cambios en la dirección.
El antiguo conglomerado ya no funcionaba como una estructura única capaz de absorber sus propios problemas. Los administradores habían comenzado a revisar años de operaciones con un nivel de detalle que la familia jamás había permitido internamente.
Entonces encontraron algo diferente: no era mala gestión. No era una inversión fallida. Era dinero que debía estar allí. ¡Y no estaba!
Luc recibió la primera información de manera informal durante una tarde en que trabajaba desde casa. Un antiguo ejecutivo de Amsler lo llamó. La conversación duró menos de cinco minutos y Cuando terminó, Luc permaneció mirando el teléfono.
Odette estaba en el otro extremo del salón revisando telas.
—¿Qué pasa?
—Están revisando cuentas vinculadas a accionistas en la empresa de mi padre.
Ella dejó una muestra y se tensó sin poder evitarlo
—¿Y?
—Hay discrepancias.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....