Entrar Via

UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1151

APA. CAPÍTULO 65. Derechos de carga

El trayecto al hospital fue mucho menos divertido. Las primeras contracciones importantes aparecieron durante el camino y la expresión de Luc cambió completamente cuando vio a Odette aferrarse al asiento y respirar hasta que pasó.

—¿Te duele mucho?

—Todavía puedo soportarlo.

—¿Quieres que vaya más rápido?

—Quiero llegar viva, así que no.

Luc redujo inmediatamente la velocidad y Odette cerró los ojos. Cuando volvió a abrirlos, encontró la mano de él extendida sobre la consola y la tomó, aferrándose a ella con desesperación.

En el hospital, la realidad se volvió mucho más concreta. Preguntas. Revisiones. Monitores. Personal entrando y saliendo.

Luc recuperó parcialmente su capacidad de funcionar cuando alguien empezó a darle instrucciones específicas. Sin embargo, a medida que avanzaron las horas, descubrió algo que odiaba: no podía resolver aquello. No existía ninguna llamada que pudiera acelerar el proceso. Ninguna negociación servía para quitarle el dolor a Odette.

Solo podía permanecer allí. Así que lo hizo. Cuando ella necesitaba caminar, caminaba con ella. Cuando quería silencio, guardaba silencio. Cuando una contracción llegaba, le ofrecía la mano y soportaba que se la apretara con una fuerza que no sabía que tenía.

—Me vas a romper los dedos —murmuró en una ocasión y Odette abrió los ojos.

—¿Quieres que los suelte?

Luc vio su expresión.

—No. En realidad, descubrí que no los necesito. Puedo dictar comandos de voz a partir de ahora, firmaré con el iris, los dedos están sobrevalorados —soltó él de carretilla y a pesar del dolor ella acabó riéndose.

Las horas siguieron avanzando hasta que Luc perdió completamente la noción del tiempo. Solo existían Odette, el monitor y las indicaciones del equipo médico, hasta que en algún momento, ella apoyó la frente contra su pecho.

—Estoy cansada.

Luc le acarició el cabello húmedo.

—Lo sé.

—No sabes nada.

—Correcto.

Aquello consiguió arrancarle una sonrisa agotada y Luc besó su frente.

—Pero estoy aquí, y tú lo estás haciendo increíble.

Cuando llegó el momento final, Luc comprendió que todas las veces que había creído sentir miedo durante los últimos meses habían sido una preparación bastante deficiente. Odette estaba exhausta, y él también, aunque sabía que no tenía derecho a quejarse.

Todo se redujo a minutos que parecieron durar horas. Indicaciones. Respiraciones. La mano de Odette aferrada a la suya. Una última sucesión de esfuerzos. Y entonces un llanto llenó la habitación.

Luc dejó de respirar. El sonido fue pequeño, agudo y completamente extraordinario y durante un instante nadie tuvo que decirle nada. ¡Había nacido! Su hija había nacido, porque sí, era una niña.

—Eline —murmuró Odette y Luc sintió que algo dentro de él se quebraba.

El personal médico realizó las primeras comprobaciones y, poco después, alguien se acercó con aquel pequeño cuerpo envuelto.

—Papá.

Luc miró a la profesional y después miró a la niña.

—¿Yo?

Odette soltó una risa agotada desde la cama.

—No veo otro candidato.

Luc extendió los brazos. Había sostenido documentos que valían millones con menos cuidado. Eline llegó a sus manos y el mundo entero pareció reducirse al peso insignificante de aquel cuerpo.

Era diminuta. Muchísimo más de lo que había imaginado. Tenía los ojos cerrados, la piel todavía enrojecida y una expresión de absoluto descontento con el mundo al que acababan de traerla.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD