APA. CAPÍTULO 66. La última apuesta
La etapa aburrida duró exactamente hasta que Luc abrió la puerta.
Danna fue la primera en entrar, aunque Loan protestó inmediatamente porque había intentado establecer un orden civilizado para las visitas y su esposa acababa de ignorarlo por completo. Detrás de ellos apareció el resto de la familia Keller, obligada por el personal del hospital a entrar poco a poco y mantener un volumen razonable que, tratándose de ellos, duró aproximadamente treinta segundos.
Odette los recibió desde la cama, todavía cansada, pero demasiado feliz para sentirse molesta por la invasión. Luc permanecía junto a ella con Eline en brazos, y aquella imagen fue suficiente para silenciar a todos, al menos durante cinco segundos.
—Déjame verla —pidió Danna inmediatamente y Luc bajó la mirada hacia su hija.
—Está dormida.
—No he dicho que la despiertes.
—Eso sonó peligrosamente parecido a una orden.
—Luc.
Odette soltó una carcajada.
—Entrégasela antes de que mi madre te quite a la niña por la fuerza.
Él obedeció con evidente reticencia. Danna recibió a su nieta y su expresión cambió por completo. Toda la energía con la que había entrado desapareció mientras contemplaba aquel pequeño rostro.
—Es igual a Odette.
Loan se acercó.
—No.
Danna levantó la mirada.
—¿Cómo que no?
—También se parece al tarado del padre.
Odette cerró los ojos.
—Empezamos.
Loan se inclinó para observar mejor a la niña.
—Pero esa barbilla es Keller.
—Acaba de nacer —protestó Danna—. ¿Qué barbilla estás analizando?
Luc se sentó junto a su prometida y la besó despacio.
—Aprovecha para descansar. Esto podría durar horas —le dijo.
—Va a durar años —corrigió ella, y no se equivocó.
En cuanto Eline pasó a los brazos de Loan, comenzó una segunda ronda de análisis familiar. Alguien encontró semejanzas con Danna. Otra persona aseguró que la forma de la frente era de Luc. Loan insistió en que los genes Keller terminarían imponiéndose y Luc respondió que no sabía que el patrimonio genético se repartiera según porcentajes accionariales.
—Setenta y cinco por ciento Amsler, veinticinco por ciento Keller —bromeó alguien y Odette levantó una mano desde la cama.
—Ni se les ocurra convertir a mi hija en una sociedad mercantil.
Las risas llenaron la habitación, y Eline continuó durmiendo. Parecía ser la única persona completamente indiferente a la discusión sobre su propia identidad.
Después llegaron las apuestas, y la verdad es que Odette no supo exactamente quién empezó. Quizá su primo Logan. Probablemente Adriana.
Uno de los dos comentó que los ojos de Eline cambiarían de color durante los siguientes meses y, cinco minutos después, ya había varias predicciones circulando.
—Claros —aseguró Adriana.
—Más oscuros —dijo Logan.
—¿Cuánto apuestas?
Odette levantó la cabeza al escuchar la palabra.
—¿En serio?
Nadie le prestó atención.
—Cien.
—Doscientos.
—Están apostando por los ojos de una recién nacida —señaló Luc y Logan lo miró.
—No tienes derecho a juzgar las apuestas de esta familia.
Odette tuvo que taparse la boca para no reír y Luc decidió prudentemente no responder, pero la discusión evolucionó rápidamente: Cuál sería la primera palabra de Eline. Cuándo empezaría a caminar. Si tendría el carácter de su madre… Bueno, en eso hubo consenso inmediato.
—Pobre de nosotros —murmuró Luc y Odette le dio un golpe en el brazo.
—Mejor dame a mi hija, cuando abra la boca con hambre, todos recordarán que de verdad se parce a mí —suspiró.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....