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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 563

PELEAR POR TI. CAPÍTULO 21. Una mujer difícil

Era cálido… No, cálido no, caliente.

Adriana sintió aquella respiración suave detrás de su cuello y se dio cuenta de que estaba envuelta en unos brazos poderosos. Contuvo un jadeo ahogado y estaba a punto de reaccionar cuando sintió aquella dureza metálica contra sus pantorrillas… y entonces ni siquiera necesitó voltearse para saber quién era.

¡Porque era él! ¡El ciborg le estaba haciendo cucharita, muy acurrucado y muy…!

—¡Rey! —rezongó Adriana y lo vio levantar la cabeza de una sacudida.

—¡¿Qué fue?! ¡¿Qué pasó?! —preguntó como si estuviera listo para el combate, y ella giró medio cuerpo para mirarlo a aquellos ojitos azules y somnolientos—. ¿Dormiste bien? —murmuró Kyle como si esa fuera la pregunta más natural a aquella hora y la vio suspirar.

—Pues del “dormir” no me puedo quejar, lo que no sé es exactamente cómo despierto con tu mano en una chichi y algo contra mi trasero que honestamente espero que sea tu rodilla.

—¡Joooder! —exclamó él y echarse atrás no se podía, porque estaba el respaldo, y debajo Adriana… y lo único que se podía hacer era restregar lo duro y lo blandito para pasarle por encima y caer sobre la alfombra estrepitosamente—. ¡Lo siento, lo siento…!

Adriana se quedó acurrucada en aquella manta mientras lo veía apoyar los codos en las rodillas y suspirar.

—No hizo falta la botella de vino —le dijo él cuando la tensión pareció desaparecer un poco—. El sistema se te reinició solo.

La muchacha apretó los labios y se sentó en el sofá con un suspiro.

—Ya sé, estoy… estoy agotada. ¿Quieres un café? —preguntó levantándose y Kyle la siguió hasta la cocina, solo para verla preparar el café más cargado en la historia de Suiza.

Lo bebieron en el más absoluto silencio, como si ninguno de los dos supiera qué decir hasta que Adriana pareció encontrar las palabras correctas.

—Te agradezco todo lo que hiciste por mí, de verdad —aseguró extendiendo la mano y estrechando la tuya—. Probablemente salvaste mi vida. Te lo agradezco.

—No fue nada —susurró él.

—Si algún día necesitas algo, cualquier cosa, solo tienes que llamarme y procuraré ayudarte… aunque ya me di cuenta de que un hombre con tus recursos no necesita nada de una mujer como yo.

La sonrisa era cansada pero sincera, y Kyle pasó saliva porque no podía responderle que de ella quería muchísimo más de lo que él mismo había imaginado.

—Quiero que aceptes guardaespaldas. Quiero que te protejas —le dijo y Adriana caminó lentamente a la puerta, acompañándolo.

—Lo pensaré, hablaré con mi padre para que lo organice todo —accedió la muchacha.

“Sobrino querido, ¿no hay una horita más sana a la que me puedas llamar para que…?”

—Tírate de la cama, Caleb, necesito localizar el celular de Adriana, saber si sigue en el edificio… —lo apremió Kyle y un minuto después su tío le respondía con voz somnolienta:

“En movimiento, te mando la ubicación”

—¡Maldición! —gruñó él corriendo de vuelta a su departamento para vestirse decentemente—. ¡Ni siquiera tiene su auto aquí! ¿Se fue en un taxi? ¿En serio? ¡Por Cristo crucificado que cuando la agarre la voy a nalguear por esto! —siguió rezongando hasta que escuchó una risa al otro lado del teléfono y se dio cuenta de que todavía el altavoz estaba puesto.

“Sobrino, un solo consejo, no dejes que esa mujer se te acerque con ningún objeto contundente, porque tu madre me hizo un par de rinoplastias con su sartén y se me hace que esa niña se parece mucho a tu madre”.

Kyle puso los ojos en blanco y colgó antes de vestirse apropiadamente y salir de allí.

Siguió el rastreo del teléfono y casi le dio un infarto cuando se dio cuenta de que no iba a casa de sus padres, sino a la oficina, ¡a trabajar!

Y nadie fue capaz de controlar la sorpresa cuando vieron a aquel hombre entrar como si fuera su casa y sentarse sin pena en una butaca frente a ella.

—¡Vengo a negociar una representación deportiva!

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